Después de la catástrofe. Magia y desastre en «El curso del corazón»

Después de ver a M. John Harrison en todas las instancias que pudo durante su reciente participación en el FILBA, María Eugenia Alcatena -escritora, guionista y docente, además de fan de la ciencia ficción- volvió a uno de los textos clave del autor para compartir con Synco esta sutil lectura.

// Por María Eugenia Alcatena

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1.

–¿La viste?

Lucas dijo algo que sonó como “¡No, por supuesto que no!” (aunque igualmente podría haber sido “¡El Curso del Corazón!”), añadiendo después de una pausa una oración que no tenía ningún sentido: “Ninguno de nosotros muere nunca”, y después “Cicatrices”, o tal vez fue “Heridas”.

–¿Lucas?

La ininteligibilidad marcó este intercambio entero.

El llamado está sucio de ruidos e interferencias, diferentes líneas se ligan, Lucas habla poco claro, el narrador no puede estar seguro de si le cuenta algo que realmente ocurrió, la proyección de sus deseos o un sueño. La vaguedad, la incertidumbre, la insinuación de una verdad que no termina de develarse ni aprehenderse jamás dominan la novela. Esta oscuridad se conjuga con una escritura precisa, nítida, de una belleza luminosa (que, significativamente, se regodea con insistencia en las descripciones de la luz).

El pasaje transcrito más arriba, así como la conversación telefónica sembrada de malentendidos y presunciones que recoge, son marginales dentro del libro. Pero, al mismo tiempo, pueden leerse como una cifra reveladora de muchas de las tensiones que lo atraviesan. Y es que el centro, en El curso del corazón, no está en ninguna parte.

2.

El centro aparente del que irradian los acontecimientos de la novela es un ritual mágico del que participaron veinte años atrás, mientras cursaban en la universidad, los tres protagonistas: Pam, Lucas, el narrador. Centro ciego, agujero negro, pura negatividad en torno a la que gravita el relato: ninguno de los tres recuerda con exactitud qué ocurrió entonces. Coinciden vagamente, eso sí, en que ese ritual los marcó, en que imprimió en cada uno secuelas irreversibles que los definieron para siempre y cuyos efectos no dejan de perseguirlos.

Los tres personajes viven, de diversas maneras, en la estela de ese evento singular, intuido como determinante pero asimismo inconcebible. Deambulan entre ruinas, vagando por entre la resaca que queda desperdigada después del desastre. Los veinte años que siguieron al ritual se relatan así, como una sucesión de resonancias y convulsiones, todo posterioridad y contingencia. La selección de acontecimientos narrados resulta más o menos arbitraria, los tiempos intermedios se alargan, eliden o contraen más o menos caprichosamente.

A primera impresión, Pam y Lucas parecen ser los más afectados por lo que ocurrió, los que llevaron la peor parte (y en particular ella, desde la perspectiva de los otros dos; pero la novela constantemente relativiza las percepciones y demuestra lo erradas que suelen estar). La intrusión de lo fantástico en sus vidas es más agresiva y descalabrante, más notoria. En este aspecto, la novela dosifica las revelaciones. Los efectos de la magia en el narrador son quizás más discretos, y al mismo tiempo están expuestos ahí, desde el principio, en la manera en que presenta y se relaciona con lo que cuenta; solo que los vemos más tarde.

La diosa da y la diosa quita: todos pagaron y perdieron mucho. Nadie sale indemne de la experiencia.

3.

El ritual se realizó bajo la guía de Yaxley. Figura esquiva, magnética y errática, que entra y sale de la novela y de la vida de los tres protagonistas a su antojo, siempre impredecible. Parece regirse por los principios básicos de la magia del caos, esa vertiente de las artes esotéricas que se conformó en la Inglaterra de la década del 70 bajo el signo del posmodernismo: la arbitrariedad, la inexistencia de verdades absolutas, el rechazo de paradigmas fijos, dogmas o sistemas preestablecidos, la autoimposición de reglas libremente elegidas, el pragmatismo, la plasticidad de los rituales, la creatividad personal, la afirmación de la voluntad.

La magia del caos invita a imponer, a través del ritual, el deseo (o el pensamiento) del practicante sobre una realidad esencialmente caótica, de manera tal de incidir en ella y transformarla. Pero ¿funciona? ¿Yaxley es un sabio, un maníaco, un charlatán, un gnóstico iluminado o un perverso? ¿Qué tan eficaces son sus experimentos? De lo que no quedan dudas es de su habilidad para manipular a otros, de formas que no comprenden y con fines (de haberlos) siempre oscuros.

A través del ritual, aseguran los iniciados, las creencias, los pensamientos, los deseos, las obsesiones del practicante pueden independizarse de su conciencia, para comenzar a operar de forma autónoma y efectiva en la realidad. Estas entidades reciben distintos nombres, de acuerdo con la relación que el mago entable con ellas y según las diversas tradiciones: familiares, servidores, elementales, demonios, divinidades personales, tulpas, emanaciones…  

Como todas las ramas del saber ocultista, el caoísmo advierte sobre los peligros inherentes a las prácticas mágicas: si no se cumplen los recaudos necesarios, los daños pueden ser profundos y permanentes.

4.

A pesar de sus diferencias, el narrador, Lucas, Pam coinciden en concebir el ritual que celebraron junto a Yaxley como el evento central, bisagra, en sus vidas, el desastre que lo trastocó todo para siempre. Y sin embargo, son tan incapaces de llenar con un contenido o asignar un significado a ese evento como de atisbar el pleroma, la plenitud que imaginan y prometen algunas cosmologías. Habitan una suerte de post-catástrofe indefinida, sin catástrofe: ahí donde debería residir la clave, el origen, el quiebre disruptivo que permitiría organizar sentidos y hallar respuestas solo hay dudas, o tal vez peor, un vacío (¿es efectiva la magia?; ¿ocurrió, realmente, algo?). Desprovisto de ese acontecimiento singular y plenamente significativo, el tiempo presente es pura deriva, desintegración, ruinas; el fantasma de una catástrofe incierta.

Contra este fondo se desenvuelve la trama: una historia de amores, sexo, relatos privados o compartidos, visiones, cuidados, sacrificios, oscuridades y luces. Una novela sumamente hermosa, perturbadora y singular, que sigue rondando mucho tiempo después de la lectura.

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