Discos conceptuales, ciencia ficción y un Gizzverso (I)

// Por Tulpa Valis

Un recorrido por la historia de los «discos conceptuales», un fenómeno de bandas de rock progresivo de las décadas del 60 o 70 que inesperadamente volvió a ponerse de moda. Ciencia ficción, universos paralelos y rock, de The Beatles a The Mars volta, pasando por Emerson, Lake & Palmer, Pink Floyd, David Bowie o Alan Parsons Proyect.

.

Wikipedia: En música, un álbum conceptual es un álbum unificado por un tema común, que puede ser instrumental, narrativo, en la composición o en las letras. Los álbumes conceptuales son planificados, concebidos con todas sus canciones contribuyendo a un único tema en general o a una historia, siendo esta historia o plan el concepto.

De repente, en pleno 2020, a algún productor cinematográfico se le ocurrió desenterrar la canción «Karn Evil 9» de la banda de rock progresivo Emerson, Lake & Palmer, que en 30 minutos y varias impresiones cuenta una historia de ciencia ficción que finaliza con la épica batalla entre la humanidad y las máquinas rebeldes. El track, que ocupa más de la mitad del disco Brain Salad Surgery (1973) -y que además, entre otras genialidades, tiene una portada ilustrada por el sueco H. R. Giger y un tema basado en un poema de William Blake-, será adaptado al lenguaje cinematográfico por la compañía Radar Pictures, con guión del ingeniero en robótica y novelista de sci-fi Daniel H. Wilson. Una linda sorpresa que ha generado que la cultura popular vuelva a hablar de una banda de rock progresivo –género que fue declarado muerto allá a finales de los 70- con predilección por los discos conceptuales y los relatos de ciencia ficción.

Concepto

Pocos formatos ofrecen mejores posibilidades para contar una historia de largo aliento en música que el disco conceptual. Se trata de un fenómeno cultural nacido a mediados de la década del 60 cuando las bandas –sobre todo las de rock progresivo- comenzaron a arriesgarse en la búsqueda de narrativas que se aventuraran más allá de lo meramente musical, convirtiéndose en demiurgos de universos de fantasía y ciencia ficción, cosmos ficcionales apuntalados no sólo por la música sino también por las letras, el arte interior y de tapa de los LP’s, los videoclips e incluso los rumores -muchos de ellos esparcidos por los mismos miembros de la banda-, que en conjunto buscan narrar, a través de un único gran relato que hilvane todas las canciones, una historia entretenida y, en lo posible, cohesiva y coherente.

Algunos de aquellos discos conceptuales -muchos de los cuales fueron señalados como vestigios de un mundo antiguo, pasado de moda, y declarados muertos en la décadas del 80 o 90, y hoy son resucitados por quienes surfean la gran ola del consumo nostálgico y la retromanía- marcaron a fuego la historia de la música popular y se convirtieron en clásicos de culto: The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972) de David Bowie, The Dark Side of the Moon (1973), Animals (1977) y The Wall (1979) de Pink Floyd, Tommy (1969) de The Who, The Lamb Lies Down on Broadway (1974) de Genesis, La Biblia (1971) de Vox Dei, Autobahn (1974) de Kraftwerk, I Robot (1977) de Alan Parsons Project, Seventh Son of a Seventh Son (1988) de Iron Maiden, quizá sean algunos de los más recordados, tanto por las historias que narran como por su calidad técnica e interpretativa. Sin olvidar a los que iniciaron toda esta locura: Pet Sounds (1966) de The Beach Boys y Sgt. Pepper’s Lonely Heart club band (1967) de The Beatles.

Si la literatura es la casa donde la ciencia ficción nació y dio sus primeros pasos, para luego ceder espacio al séptimo y noveno arte -cine y comic respectivamente- que, si se quiere, agrandaron aún más su popularidad[1], entonces podemos afirmar que la música –en particular los discos conceptuales- es el otro arte que ha sabido narrar grandes historias sobre futuros fantásticos, batallas épicas por la humanidad, androides rebeldes, space opera y viajes interestelares.

Aunque es cierto que muchas bandas utilizaban este tipo de narrativa para tratar temáticas sociales de corte más realista –Days of Future Passed (1967) de The Moody Blues, Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire) (1969) de The Kinks, S. F. Sorrow (1968) de The Pretty Things, Thick as a Brick (1972) de Jethro Tull, solo por poner algunos ejemplos- otras aprovechaban la libertad y las posibilidades que ofrecía el formato  de álbum conceptual para crear relatos musicales épicos ambientados en mundos de fantasía y ciencia ficción: Hawkwind con su Warrior on the Edge of Time basado en el concepto del Campeón Eterno del escritor de sagas Michael J. Moorcock -quien también aportó algunas letras para el disco-; el vocalista del grupo Yes Jon Anderson en su debut como solista titulado Olias of Sunhillow (1976), que cuenta la epopeya fantástica de cuatro tribus del planeta Sunhillow que escapan a bordo de la extraña nave Moorglade Mover creada por el ingeniero Olias, y su travesía espacial en la búsqueda de un nuevo planeta; el futuro post-apocalíptico con mutantes y poshumanos conviviendo con animales grotescos (“pulgas del tamaño de ratas chupan la sangre de ratas del tamaño de gatos” canta en Future Legend) narrado por David Bowie en Diamond Dogs (1974); o los Emerson, Lake & Palmer que tenían por costumbre escribir “medio” álbumes conceptuales como Tarkus (1976) o Brain Salad Surgery, en los que dedicaban una cara del LP a contar una historia de ciencia ficción y guardaban el lado B para canciones sin relación tan directa con el resto del disco.

A grandes rasgos, podríamos diferenciar los discos conceptuales en dos tipos: los que están unificados a través de canciones con una estética y temática general pero sin contar una historia clara y directa, y los que cuentan un relato clásico -que incluye desarrollo, nudo y desenlace- con una trama narrada a través de varias canciones, o de un único track de duración extendida, en algunos casos extremos superando la hora de duración. 

Si hacemos una analogía literaria podríamos decir que algunos de estos álbumes conceptuales tienen una estructura similar al del libro de cuentos con una misma temática -al estilo Crónicas Marcianas (1950) de Ray Bradbury-, algo así como pequeños relatos concatenados y narrados a través de canciones de variada duración que forman un todo –Joe´s Garaje Acts 1,2 & 3 (1979)de Frank Zappa, Greendale (2003) de Neil Young & Crazy Horse, The Downward Spiral (1994) de NIN, 12 Nuevas Patologías (2003) de Massacre- y otros recurren a una estructura del tipo novela, más densa y menos episódica, como los discos conceptuales A pasión play (1973) y Thick as a brick (1972) de Jethro Tull, consistentes en una sola canción partida por las dos caras del LP; Journey to the Centre of the Earth (1974) de Rick Wakeman, basado en la novela de ciencia ficción de Julio Verne Viaje al centro de la tierra (1864) y -en su versión original- dividido en sólo dos pistas de aproximadamente 20 minutos cada una; o el que quizá sea el ejemplo más extremo de disco conceptual basado en una sola canción: Dopesmoker (2003/remasterizado en 2012), de la banda Sleep, está compuesto por un único track de 1 hora y 4 minutos de duración que relata el viaje épico y místico de una raza llamada Weedian hacia la tierra prometida, una peregrinación en caravana al estilo bíblico que los lleva por parajes desérticos con dos lunas y galeones flotantes, narrado a través de densos paisajes sonoros de guitarras distorsionadas y mantras hipnóticos[2].

El álbum conceptual quedó anclado al ideal rockero las décadas del 60 y 70. Para muchos representaba un exceso digno de músicos egocéntricos y dinosaurios del rock que pronto serían sustituidos por la mugre y la furia de la juventud punk que llegaba para arrasar con el pasado, pero para otros era la versión más elaborada y creativa del rock, y el sólo hecho de ser obras conceptuales les otorgaba un valor agregado que automáticamente convertía a esos discos en un tipo de arte más elevado que el disco no-conceptual, supuestamente más simple y con menos valor artístico.  

Cuando Belrtolt Bretch hablaba de las posibilidades de la radio argumentaba que: “El hecho es que siempre nos dejamos engañar por las posibilidades (…). Nadie se preocupa por los resultados. Se ciñen simplemente a las posibilidades. Los resultados efectivos de la radio son lamentables, pero sus posibilidades son “infinitas”: la radio es entonces algo bueno. Eso no está bien.”

Las posibilidades del disco conceptual no serán infinitas, pero sin dudas son amplias y ofrecen muchas ventajas al momento de contar historias musicales. ¿La más importante? el tiempo –traducido en una canción de duración extendida o en varios track cortos relacionados por la temática- que ofrece la opción de desarrollar personajes redondos y generar atmosferas sostenidas, narrar una historia sin interrupciones o en “capítulos” vinculados, y crear obras fuera de lo común. Queda a criterio de cada escucha decidir si sus resultados efectivos  son lamentables o sobresalientes.

Pero la creación de un  álbum conceptual también tiene desventajas, sobre todo desde lo comercial: sus canciones por lo general no son radiables, ya sea por su duración -las radio suelen acortar las canciones que consideran “largas”-, porque fuera del contexto del álbum pierden sentido, o porque son obras que requieren una escucha más atenta y completa para disfrutarla al cien por ciento.

Eso no evita que en la actualidad -la era de la velocidad, lo efímero y la avidez de novedades- haya músicos y bandas que aún se la juegan por esta idea: pienso en The suburbs (2010) de los canadienses Arcade fire, Good Kid, M.A.A.d City (2012) del rapero Kendrick Lamar, The Whirlwind (2009) de la superbanda de rock neoprogresivo Transatlantic, Ghosteen (2019) de Nick Cave and The Bad Seeds, o las discografías de bandas muy apegadas a esta idea del disco conceptual como Mastodon y The Mars Volta, y el particular caso de los neoyorquinos Coheed and Cambria, con una carrera musical entera basada en el concept álbum.

The Mars volta[3] cuenta con cuatro sobresalientes discos conceptuales que cuentan historias retorcidas sobre ocultismo, magia, entidades oscuras, asesinatos y viajes astrales pesadillescos. Los primeros cuatro discos de Mastodon (Remission, Leviathan, Blood Mountain, Crack the Skye) utilizan el concepto de los elementos de la naturaleza -fuego, aire, tierra y aire- en su portada y en varias de sus canciones, pero además cuentan relatos puramente fantásticos y de ciencia ficción. Crack the Skye habla sobre viajes astrales, agujeros de gusano y místicos rusos, Emperor of Sand cuenta la historia de un vagabundo fugitivo que viaja a través del desierto y es perseguido luego de haber sido condenado a muerte por el Emperador de la Arena, una analogía a la lucha contra el cáncer.

A pesar de que Mastodon se animó a jugar con los cuatro elementos en el arte de portada y casi la totalidad de su discografía es conceptual, no alcanzaron lo realizado por Coheed and Cambria, una banda menor en comparación con Mastodon y The Mars Volta -musicalmente hablando- pero bastante más jugados en cuanto a lo conceptual, con 9 discos publicados desde el año 2002, 8 de los cuales son conceptuales y forman una gran saga de ciencia ficción/space opera llamada The Amory Wars, protagonizada por una especie de armas vivientes y narrada a través de diferentes discos y novelas gráficas.

Estamos en el siglo XXI y quizá sea cierto eso de que “el rock progresivo ha muerto”, pero por suerte aun quedan bandas que le rinden culto al álbum conceptual, y existe una en particular que lleva esa idea al extremo para nuestro deleite: King Gizzard & The Lizard Wizard.

(Continuará en una próxima nota)


[1] No quisiera dejar afuera a los videojuegos en tanto arte narrativo que suele utilizar a la ciencia ficción como género para sus obras, pero lo cierto es que todas las anteriores artes llegaron mucho antes que los videojuegos a narrar historias de ciencia ficción.

[2] Existe un disco llamado Mirror Reaper (2017) de la banda Bell Witch, con una canción de 83 minutos de duración que superaría a Dopesmoker, pero por la complejidad de las voces -cantan con estilo gutural- y lo críptico de las letras no me termina de quedar claro si se trata de un álbum conceptual con una temática única.

[3] Para más data, leer la completísima nota del escritor Matías Bragagnolo “Rapsodias macabras”

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*