Erick Mota: «Como casi toda la ciencia ficción, el cyberpunk nace de un miedo social»

Erick Mota escribió La Habana underguater, una novela cyberpunk donde la alta tecnología se mezcla con la espiritualidad y las deidades yorubas deambulan por el ciberespacio. Synco lo entrevistó para hablar sobre las particularidades de la ciencia ficción latinoamericana y cubana, sobre religiones afrocubanas, sobre tecnopaganismo y sobre marxismo gótico. Acá la primera parte de la entrevista.

// Por Marcelo Acevedo y Juan Mattio

1- ¿Qué características podríamos pensar que tiene el cyberpunk en Latinoamérica?

El cyberpunk nace, como casi toda la ciencia ficción, de un miedo social. El miedo, en el caso de quienes comienzan con este género en los Estados Unidos, es al continente asiático, en especial a que las compañías japonesas estuvieran ocupando sus países, el miedo a una invasión. De ahí surge el cyberpunk, que es una estética de alta tecnología y de pobreza al mismo tiempo. Por eso son historias de pérdida de la identidad. En otras palabras, es el miedo de los norteamericanos de que pasara con ellos lo que le pasa al resto del mundo. Entonces en Latinoamérica eso hace un efecto espejo, pero que no es necesariamente imitativo. No estamos hablando de imitar lo que hacen los norteamericanos, porque ellos saben lo que es la ciencia ficción y nosotros no. Tiene que ver con que ese miedo inicial que se percibe en los padres del cyberpunk en novelas como Neuromante de William Gibson, pero acá, en Latinoamérica, es un miedo real. Y no sólo real sino también constante. 

Los primeros textos del cyberpunk datan de la década de 1980. Estamos en el 2020 y la sociedad se vuelve cada vez más cyberpunk en un contexto de temor social. Entonces, lógicamente, Latinoamérica es una tierra fértil para que se explore esta estética. Y eso viene dado porque en nuestros países la pérdida de identidad existe, el temor de perder nuestra cultura frente a otra ajena está ahí todo el tiempo, y se ha vuelto peor con la tecnología. Casi toda la tecnología que se describe en Neuromante es fantástica, sin embargo, en estos momentos esa misma tecnología, en un porcentaje muy grande, es real. El ciberespacio existe, y existen las corporaciones adueñándose de las economías de casi todos los países. Como también existe la alta tecnología de bolsillo, los teléfonos celulares son reales. La estética cyberpunk, salvo por el detallito del neón, que eso es muy años 80s, es perfectamente aplicable a nuestros días.

2- ¿Y qué define al cyberpunk cubano? ¿Cuáles son sus particularidades?

Cuba es un el caso particular con sus propias características, porque no sólo tuvo influencias norteamericanas sino también de la Unión Soviética y de todo el bloque socialista.  Y la relación que tuvo Cuba con el bloque socialista fue muy parecida a la que antes había tenido con los Estados Unidos. Una relación de pérdida de la identidad, que proviene del colonialismo. La relación con la URSS se dio prácticamente en términos imperialistas. En Cuba se leía la ciencia ficción soviética al mismo tiempo que se veían las películas de ciencia ficción norteamericanas. No se podía leer ciencia ficción norteamericana. Se pudo acceder gracias a internet, gracias al ciberespacio. Y ese es un detalle interesante, el ciberespacio como elemento de resistencia. 

El temor del cyberpunk asocia la pobreza con la alta tecnología. No es la pobreza de la literatura postapocalíptica, donde cae una bomba y todos somos pobres. La miseria del cyberpunk es una miseria con desarrollo. Son pobres, pero tienen implantes. Y eso es lo que pasa: tenemos un celular que es un elemento de alta tecnología, que puede ser caro pero al que se puede acceder, y al mismo tiempo no tenemos para comer, pero las plataformas culturales sirven como plataformas de resistencia cultural.

Entonces Cuba tiene dos estéticas: una dada por la influencia socialista y soviética, porque hubo propaganda pro-soviética mientras existió la URSS, y la otra porque Cuba nunca se desconectó culturalmente del mundo anglosajón representado por Estados Unidos. Y estas dos culturas imperiales afectaron, de una manera similar, el pensamiento cultural cubano. Y entonces, si toda Latinoamérica es una buena tierra para el cyberpunk porque hay una cultura extranjera que nos está ganando la pelea, y usamos la alta tecnología y el ciberespacio como territorio de rebeldía y resistencia, en Cuba eso existe por partida doble.

3-¿En qué momento llegó la literatura de ciencia ficción a Cuba? ¿Cuánta influencia tuvo en los escritores cyberpunk locales?

En Cuba no se podía leer la ciencia ficción escrita en inglés hasta que llegó internet y entonces ese fue un momento liberador. Acá, después de 1959, se publicó solamente una novela y dos libros de cuentos de Ray Bradbury, dos novelas de Asimov y Mercaderes del espacio [Frederick Pohl], porque es una crítica al capitalismo. Fuera de eso, acá no se publicó más nada, a excepción de la ciencia ficción soviética. Y en los años 90s, cuando llega internet y ya estaba disuelta la URSS, se abre un período histórico más complejo, porque el período que va desde 1992 hasta el inicio del siglo XXI es totalmente cyberpunk. Fue una etapa muy extraña llamada “período especial”, que tuvo una respuesta cultural muy asociada al realismo sucio. Pero mucho del cyberpunk que se hace ahora, entre ellos mi novela La Habana underguater, tiene que ver con los recuerdos de esos momentos, que fueron muy complicados en términos de economía. Pero, al mismo tiempo, el mundo dio un salto en tecnología, el desarrollo de las computadoras personales y de internet, aunque no fuera lo que es ahora. Nosotros teníamos internet regulada, no se podía usar para fines privados, podías usarla solo en el trabajo; hubo una especie de pelea entre el pueblo y el Estado por el derecho a usar internet, y eso se dio en los términos del cyberpunk, porque no es que hubo protestas sino que la gente dijo: si no me dejas tener internet, entonces yo me la robo de alguna manera. Si no me dejas tener computadoras, yo me armo una. Y al final, esa tecnología de supervivencia y esa rebeldía tecnológica, usando las plataformas del ciberespacio para protestar, fue parte del proceso cubano de finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Y ese fue un conflicto completamente cyberpunk, porque es una tensión muy similar a la que hay entre Night City de Neuromante y las grandes compañías japonesas.  

3-  ¿Qué podrías decirnos sobre la relación entre espiritualidad y tecnología,  presente en algunas obras cyberpunk latinoamericanas?

La ciencia ficción clásica anglosajona, no solo norteamericana sino también la inglesa, es una ciencia ficción muy pragmática, hecha por personas que si no son científicas son devotas de la ciencia y son personas laicas, no tienen una espiritualidad definida. Se puede decir que si creen en algo creen en la ciencia, creen en el desarrollo, creen en el progreso científico. Y eso se puede ver incluso en el cyberpunk clásico norteamericano. Gibson, en su novela Conde Cero, pone entidades que parecen ser loas, entidades del vudú haitiano. Pero cuando lees la novela completa te das cuenta que son inteligencias artificiales que se disfrazan como entidades del vudú para poder interactuar mejor con sus usuarios, que son hackers afrodescendientes o descendientes de haitianos y gente que cree en el vudú. Y esa es la mirada del hombre blanco que dice: bueno, nosotros tenemos la ciencia y tenemos el mundo organizado, y ahí, en cambio, están los pueblos atrasados que todavía creen en esas cosas. Pero América es otra cosa. América tuvo una influencia que no es solo centroeuropea, sino también indígena, africana, y tiene también una influencia espiritual europea. Lo que llegó a América de Europa no fue el top de su intelectualidad, sino que llegaron personas que creían en cosas, e incluso en las que estaba prohibido creer: llegaron personas que tiraban el tarot, llegaron personas que poseían espíritus, y todo eso se mezcló con lo que estaba aquí. Entonces, América completa es un gran reservorio espiritual, es un lugar donde la espiritualidad sigue viva. Una muy buena amiga mía norteamericana me contó una vez que estaba haciendo un trabajo en el Amazonas con indígenas, y se hirió un pie.  Fue a ver al chamán y le dijo: “¿Qué tú crees que puedo hacer?”. Y el chamán le dijo: ve al médico. No es lo que se espera que te diga un chamán. Al menos no es lo que un norteamericano espera que le diga un chamán. El problema es que el desarrollo científico y el desarrollo tecnológico no han matado la espiritualidad en América, no la han destruido. La espiritualidad ha sobrevivido a ese pensamiento abstracto. Por ponerte un ejemplo simple, yo soy licenciado en Física, mis maestros se formaron casi todos en la Unión Soviética, y yo he sido forjado en el pensamiento pragmático y materialista ruso, donde no hay espacio para ningún tipo de espiritualidad. Pero mi abuela veía a los muertos, mi abuela era médium y yo desciendo de indios taínos, y cada vez que una mariposa entraba a mi casa era un acontecimiento porque era el alma de fulanito que murió. Y entonces yo crecí con esa doble influencia: por un lado, la pragmática y la ciencia, y al mismo tiempo, una tendencia espiritual. En los hospitales de cuba a los recién nacidos se les pone un ojito de Santa Lucía para evitar el mal de ojo y el maleficio. Y estamos hablando de salas de neonatología con expertos que son parte de un sistema médico nacional muy fuerte. O sea que coexisten las dos cosas, los dos elementos, el elemento mágico o místico y el elemento científico.

El cyberpunk es un escenario extremo, de extrema pobreza y de extrema tecnología. Entonces, los que estamos en el fondo de esa cazuela, en el fondo de la pobreza y en el fondo de la tecnología ¿qué nos queda? Nos queda la espiritualidad. Porque la espiritualidad viene con las raíces. Es, citando un cuento de Philip K. Dick, “la fe de nuestros padres”. Porque incluso, aunque no creamos en ella, la conocemos. He conocido médicos que han dicho: bueno, no hay posibilidades con este caso, pero si conocen a algún babalawo [sacerdote yoruba], consúltenlo. Estamos hablando de una persona que tiene un pensamiento científico e, incluso, un pensamiento materialista, pero conoce el mundo espiritual que es, también, un mundo cultural. Porque las creencias religiosas o las creencias espirituales están ligadas a una cultura y en esa cultura está la base de lo que somos.

4-La religión y la espiritualidad ligada a la tecnología es uno de los temas principales en tus cuentos y novelas, principalmente en La Habana underguater.

Lo que yo cuento en La Habana underguater es, de alguna manera, esta supervivencia de la fe a través de creencias religiosas o místico-mágicas. Pero yo no me voy a poner a distinguir entre religión y magia ahora, sobre todo porque en América no se puede trazar una línea roja, es un terreno completamente criollo, completamente mezclado, donde las religiones africanas se mezclaron con las religiones indígenas. Por ejemplo el espiritismo, que es muy común en Cuba, en la parte oriental de la isla, y que proviene de creencias que son europeas, pero existe una zona de Oriente, donde hay mucha descendencia indígena, y donde se hace ese tipo de ceremonia espiritual. Pero ya no se hace con crucifijos, ni con velas, ni con vasos de agua como suele hacerse en el rito europeo, sino que acá las personas empiezan a bailar y a tomarse de las manos como un rito indígena. Y en esa cultura criolla, tan mezclada, no quedaba claro cuál de los esclavos era un sacerdote de casta yoruba y cuál era un hechicero perseguido, porque las cadenas hermanan, y en la esclavitud empezó a ser todo parte de lo mismo. Hubo una especie de pacto entre sacerdotes y hechiceros, de varias naciones además, y todo esto era considerado por los blancos como hechicería.

Entonces, teniendo en cuenta toda esta amalgama cultural que es inmensamente rica, yo no sería una persona sincera si hiciera lo que hizo William Gibson en Conde Cero, pensar que las inteligencias artificiales se disfrazaron de loas. Por eso, los orishas[1] de La Habana underguarter son entidades reales que viven en el ciberespacio.

5-Aquí, en Argentina, se suele tildar de brujería a cualquier religión afrocaribeña. 

Sí, y en el Caribe también. Sin que medie una distinción, ni nada por el estilo; simplemente brujería. Y es interesante, porque yo he leído textos, sobre todo textos antropológicos de investigadores que han estado entre la comunidad afrodescendiente, porque la mayoría de estas investigaciones las hicieron blancos, que no sólo eran blancos sino además de determinada clase social, y cuando hablan de la relación de la brujería y el hampa, como por ejemplo el famoso libro Los negros brujos (1906) de Fernando Ortíz, que se lo tiene como el gran antropólogo cubano, es básicamente una investigación del hampa cubana y de cómo todos los casos de delincuencia eran de personas que tenían una fe, una creencia. Pero en publicaciones posteriores ya te dicen “no, no, momento, en Africa había sistemas religiosos, había sacerdotes, el babalawo era un sacerdote, y había brujería también”.

Toda acción genera su reacción, lo cual es algo natural pero no es agradable. Entonces, del mismo modo que hay una parte de la población blanca que dice “todo eso que hacen los negros es brujería”, hay toda una reacción que dice “no, no, todo esto es cultura africana y aquí no había magia, ni hechicería”. Y sí la había. En áfrica había una manera de hacer sortilegios y, por lo menos en el imperio yoruba, estaba perseguida por los sacerdotes. El babalawo, que es el sacerdote, el padre de los secretos, la voz del oráculo de Olofin, Olodumare, que es lo más parecido a Dios o el concepto de un Dios único y universal, perseguía la hechicería. Incluso tenía métodos de contra-hechizar. Y claro, es complicada la antropología en términos de la influencia africana en América. Tú te das cuenta que hay rituales demasiado complicados para ser de un hechicero, porque es un ritual que proviene de una cultura mucho más antigua, es infinitamente complejo, tiene una lengua propia, un montón de conceptos y de atracciones, porque usa el cero y el uno, o sea, usa un sistema binario, y eso no se le pudo haber ocurrido a cuatro esclavos, y mucho menos a cuatro indígenas que no estuvieran conectados a una cultura. Entonces uno dice “bueno, aquí hay una cosa sólida que al mismo tiempo está mezclada con una marginalidad”, con un “voy a emplear el hechizo para salirme con la mía”, y muchas otras leyendas que existen. Que son las leyendas que ha aprovechado la población blanca, y cuando digo blanco no estoy hablando de una guerra entre negros y blancos, sino de una diferencia entre ricos y pobres: la mayoría de los ricos son blancos, y la mayor parte de los barrios marginales son de descendientes africanos.     

5- Más allá de la ficción, hay gente que realmente cree en la hechicería y la espiritualidad ligada a la tecnología y la Internet, que se puede hacer magia usando la computación. Se los conoce como tecnopaganos. ¿Has escuchado de ellos?

Sí, he escuchado de ellos, aunque no sé muchos detalles. Pero me parece lógico, porque la espiritualidad flota en todo y es una guía. Ayuda a sobrellevar la condición efímera humana. Yo había visto la posibilidad de que la espiritualidad y la alta tecnología se fusionaran. Lo escribí en La Habana underguater y es cada vez más cierto. Lo mismo pasa con algo que toco muy superficialmente ahí y ahora pienso escribir una novela sobre eso, que es la Iglesia del Che, es decir, tomar la figura de Ernesto Che Guevara no como una figura histórica sino como una figura religiosa, que es como se lo toma en muchos lugares de Bolivia, donde se podría decir que es venerado. Y yo fabulo sobre esto porque la necesidad de fe humana existe y no debe dejarse de lado. Las personas tienen una necesidad de espiritualidad y eso es un hecho tan sólido como la gravedad. La fe sobrevive a todo. Y la prueba está en que durante la colonización española se evangelizó a todas las comunidades que había en América y también a las comunidades africanas. Se hizo un trabajo que incluso tenía presupuesto gubernamental, porque los reyes españoles ponían dinero para esa evangelización. Y, sin embargo, las espiritualidades americanas sobrevivieron, de una forma o de otra. Los grandes antropólogos que han estudiado Cuba siempre dicen que acá tenemos un sincretismo religioso. Yo no estoy de acuerdo con eso. Todas las investigaciones que he hecho para mis textos me apunta a decir que en Cuba hay muchas religiones que han quedado en su estado más puro, al menos todo lo puro que puede quedar algo después de tantos años, y han quedado así por razones de colonialismo, prejuicio y racismo. Estas religiones han tenido que ocultarse tras una religión oficial. Todo el mundo considera que la religión afrocubana es un sincretismo con la religión católica, y tal vez haya algunos detallitos en eso. Los babalawos, por ejemplo, que son los grandes sacerdotes de la fe yoruba, necesitan ser bautizados por la iglesia católica, pero fuera de eso y de que el panteón yoruba es un panteón monoteísta, yo creo que la religión yoruba está mucho más cerca de sus orígenes nigerianos que de la religión católica. Lo que sucede es que los esclavos primeros y los libertos después, fueron perseguidos por su fe y necesitaban decir: lo que tengo aquí no es Babalú Ayé, lo que yo tengo aquí es Lázaro, porque había una persecución religiosa. Suele confundir al investigador, que generalmente es blanco y ha obtenido un doctorado en una universidad europea, casi siempre anglosajón, cuando se acerca a esto, dice: ¡Ah, sincretismo religioso!  

6-El escritor China Mieville se reivindica como parte de una tradición que recibe el nombre de “marxismo gótico”, un marxismo preocupado por conectar con lo que Margaret Cohen llama “los aspectos irracionales del proceso social” y que en algunos casos se conecta con la magia, incluso con las fórmulas de hechicería o encantamiento. ¿Te interesa esta corriente?

Me parece muy interesante el marxismo gótico. Incluso me acerqué a la obra de China Mieville, lo leí y he estado pendiente. El marxismo no me parece una mala idea. El marxismo es un camino filosófico, y si un camino filosófico lo convertimos en política o en economía, nos salimos del esquema, de lo que era la filosofía original. Por eso ha habido muchas teorías al respecto, muchas revisiones del marxismo a partir de la propia dialéctica. Una de las cosas más interesantes que lees en los padres fundadores del marxismo sobre la dialéctica, sobre todo Engels, que fue un gran teórico aunque la figura de Marx se haya robado todo el escenario, él decía: “lo que nosotros estamos diciendo ahora va a caducar, y van a existir personas que van a hablar exactamente lo contrario a lo nuestro”. Tenían una especie de pensamiento de avance que se perdió en el marxismo-leninismo, en el mal llamado marxismo ortodoxo. Entonces esta tendencia, este marxismo gótico, me resulta interesante porque toda revisión de casi cualquier cosa es buena. Sobre todo cuando la revisión se está haciendo en términos de actualizar el modelo, con buenas intenciones. Esta corriente del marxismo gótico me parece una corriente de pensamiento válida, lícita, si bien hay algunos puntos en los que es complicado ¿no?. Por ejemplo, China Mieville, estamos hablando de un ciudadano británico que no vivió el socialismo y tiene una idea un poco “ideal” de lo que es el socialismo, y yo tengo una percepción de la realidad que si bien me esfuerzo todos los días por que no sea una visión sesgada, es una visión que está parcializada. Al final a mí me cuesta mucho trabajo repensarme el marxismo, porque vivo en una sociedad marxista, o al menos una que sigue la tendencia filosófica marxista en su manera ortodoxa, y toda mi educación fue así. Yo conozco los efectos de ese modelo. Por eso pienso que repensarlo siempre va a ser positivo, pero no creo ser la mejor persona ni para apoyar ni para criticar un movimiento así. El sólo hecho que exista me parece correcto.

Incluso la obra de China va por un camino que cada día me gusta más, cada vez que veo el presente de él me gusta, lo cual indica que su pensamiento filosófico va madurando y mejorando. Yo realmente lo admiro mucho, aunque no piense cien por ciento igual que él, pero sí admiro mucho su obra y me parece muy bien el camino por el que va. Porque creo que en cierta forma él, en su sociedad, está haciendo una resistencia, y la cultura de la resistencia es algo que a mí me parece que debe hacerse y mantenerse. Uno siempre debe resistirse a lo que no considera que esté bien. Lo que uno no puede hacer es acostumbrarse a las cosas malas. Eso es difícil de aprender. En algunas sociedades se aprende más fácil porque no queda más remedio que resistir. Entonces, todo proceso que sea un proceso de resistencia me parece muy bien, aunque yo no esté cien por ciento de acuerdo con ellos.

Link para leer la segunda parte de la entrevista


[1] En la novela La Habana underguater, la Red Global (un símil de internet pero en una ucronía donde la hegemonía mundial es soviética) aloja entidades conocidas como orishas que son divinidades de la religión yoruba y que navegan en el ciberespacio.