Grant Morrison. Magia y comics para romper la realidad

Marcelo Acevedo nos acerca una nueva #PastillaRoja, esta vez sobre el guionista de historietas Grant Morrison. En el mundo de Morrison se mezclan la magia, el esoterismo y la ficción para romper las gramáticas que estructuran nuestra realidad y acercarnos, aunque sea fugazmente, los destellos de otros mundos.

// por Marcelo Acevedo

Grant Morrison nació el último día del año 1960 en Glasgow, Escocia. Desde pequeño su madre lo llevó a clases de astronomía y juntos vieron 2001: A Space Odyssey, como mínimo 3 veces. Una noche de invierno lo sacó fuera de la casa, le señaló la estrella Sirio y le dijo “Hijo, de ahí venimos nosotros”, sin más explicaciones. El pequeño Grant tuvo que lidiar sólo con esa idea, pero también con la ideología de un padre activista obsesionado con el fantasma de la bomba atómica, y un tío lector de Alesteir Crowley. Esas fueron sus mayores influencias formativas.

El tío Billy no sólo le regaló sus primeros comics, también le acercó un libro de Crowley. Morrison era un joven más bien escéptico, hasta que a los 19 años realizó su primer rito mágico. Esa noche en su cama, luego de un ritual muy simple que parecía no haber surtido efecto, vio una especie de punto gravitacional que flotaba y atraía todas las perspectivas, como si se hubiese abierto una grieta en el espacio-tiempo. Sentía que un líquido negro llenaba los pliegues de su cerebro, y lo abrumó la visión de un león que le anunciaba revelaciones. Creía que, sin querer, había activado algo poderoso.

Años más tarde, Morrison se convertiría en uno de los mejores y más originales guionistas de la historia del noveno arte. Sus historias -siempre revolucionarias- rompen con la narrativa clásica del comic, y sus temáticas giran alrededor de conceptos que lo obsesionan: la sci-fi extraña, la fragilidad de lo real, los estados alterados de consciencia, la subversión y, por supuesto, la magia. Incluso en obras primerizas como Zenith –publicada en la revista británica 2000 AD en 1987-, enfrenta a un superhéroe atípico y humanizado contra nazis conspiradores y un übermensch que busca despertar a dioses oscuros extradimensionales (los Multiangulares) para que controlen la realidad.

Con Animal Man y Doom Patrol -personajes olvidados que Morrison revivió para llevarlos a otro nivel- lograría el reconocimiento. En Animal Man el protagonista rompe la cuarta pared y le habla directamente al lector en medio de un trip de peyote, y el propio Grant se mete entre las viñetas para explicarle al héroe que su vida no es más que una ficción guionada por él. Por otra parte, su run en la Doom Patrol no sólo transformo a un grupo ignoto en uno de culto, sino que además es una de las sagas más originales, lisérgicas y surrealistas del universo DC, llena de humor negro, magia e influencias del situacionismo, el surrealismo, el dadaísmo y la literatura.

Su consagración llegaría con la oscura Arkham Asylum (1989), un thriller psicológico que colocó a Batman excesivamente al borde la locura. Después del éxito de esta novela gráfica viajó por el mundo para experimentar eso que Rimbaud llamaba “El completo y sistemático trastorno de los sentidos”. En Katmandú, Nepal, sufrió una abducción alienígena e incluso atravesó una stargate. Practicó magia y conversó con dioses y entidades de otros planos. Luego de estas experiencias estaba listo para comenzar a escribir su obra magna: Los Invisibles.

Los Invisibles narra la historia de un grupo de agentes subversivos (que incluye a una chaman travesti brasilera, un alto mago linyera y una telépata viajera del tiempo) que luchan contra la opresión psíquica y física de los Arcontes de la Iglesia Exterior, seres extradimensionales, fuerzas del control y la tiranía que junto a sus agentes humanos (gobiernos, ejércitos, medios de comunicación) mantienen a la humanidad “dormida”, esclavizada e inconsciente gracias a una conspiración masiva. Son 59 issues que incluyen magia, ocultismo, aliens, drogas de diseño, sexo, artes marciales, terrorismo, viajes en el tiempo, despertar de la conciencia y mucha ciencia ficción weird.

Pero además de un comic de culto, Los Invisibles es un artefacto esotérico. La intención de Morrison al escribir esta historia era realizar un ritual de magia a gran escala para crear un hipersigilo. Con este ritual pretendía alterar la realidad a través de la ficción pop, despertar el inconsciente de sus lectores: “El comic para mí es muy real, así que mi interacción con Los Invisibles fue muy literal. Me convertí en un personaje para poder escribir sobre esas cosas. Todo en Los Invisibles está basado en experiencias reales. La idea era extender el concepto del sigilo en las aéreas de la trama y la narrativa.”

Morrison dice tener conversaciones reales con sus personajes y asegura que “cuando fluye, los oigo hablar con sus voces”. Cuando escribe sobre vudú no sólo lee libros sino que también lo practica, e interactúa personalmente con los loas del vudú. Por este motivo, escribir Los Invisibles lo estaba llevando al borde de la muerte. Mucho de lo narrado en el comic lo afectaba luego en la vida real: “Justo después de que King Mob había sido convencido por los Arcontes de que le habían implantado una bacteria fascitis necrotizante que le estaba comiendo la cara, de repente me sale este forúnculo enorme en la cara, que distorsionaba todos mis rasgos.” Tuvo fiebre, temblores, escalofríos, y creyó que iba a morir.

La influencia que Los Invisibles tuvieron en la película de culto The Matrix (1999) va más allá de coincidencias estéticas, argumentales e ideológicas: hay personajes y escenas que parecen directamente adaptadas del comic de Morrison, aunque las Wachowski nunca le hayan dado crédito alguno al galés. Grant reconoció que la película le gustó mucho, y aunque en un principio se enojó con las hermanas, luego entendió que esto era exactamente lo que estaba buscando: “Este era el propósito de hacer Los Invisibles como un hipersigilo, para que esto prendiera y extrañas ideas gnósticas se metieran en la población general y los hicieran pensar de manera diferente”.

Sus mejores obras –El Asco, Flex Mentallo, Los Invisibles, Nameless– son historias personales que se alejan del arquetipo súper heroico y buscan cuestionar la naturaleza de la realidad; pero el costado más pop de Morrison muestra un amor infinito por los relatos clásicos de súper héroes: “Lo verdaderamente interesante es el hecho de que estos universos prolongados tienen un peso y una realidad propia que es mucho más grande que la mía. Yo no estaba vivo cuando Superman tenía sus primeras aventuras; estaré muerto y el seguirá teniendo aventuras.” Es por eso que a nadie sorprende que haya escrito la que para muchos es la historia definitiva del hijo de Krypton: All-Star Superman (2005-2008).