Hipersticiones: Ficciones que se vuelven reales

En este artículo Marcelo Acevedo se mete con las hipersticiones, una palabrita inventada por el CCRU de Sadie Plant y Nick Land para referirse a ficciones que de algún modo logran crear su propia realidad, una suerte de profecías autocumplidas que desembocaron en fenómenos como el ciberespacio, los asesinatos de Slenderman o los stalkers de Pripyat.

// Por Marcelo Acevedo – Ilustración de Juanma Dinosaur

El neologismo hiperstición -compuesto por el prefijo hiper (excesivo) y la palabra superstición- fue propuesto por el colectivo vanguardista e interdisciplinario Cybernetic Culture Research Unit (CCRU), fundado en 1995 en la Universidad de Warwick, Inglaterra, por la filósofa ciberfeminista Sadie Plant y el filósofo experimental Nick Land, con contribuciones de filósofxs y teóricxs culturales como Mark Fisher, Iain Hamilton Grant, Ray Brassier, Ana Greenspan, Reza Negarestani, Robin Mackay y Luciana Parisi. Algunas ideas del CCRU parece emergen de una “misteriosa interzona” entre ciencia y superstición.

Nick Land define a las hipersticiones como “circuitos positivos de retroalimentación que incluyen a la cultura como componente. Pueden ser definidas como la (tecno)ciencia experimental de profecías autocumplidas. Las supersticiones no son más que creencias falsas, pero las hipersticiones -por su existencia como ideas- funcionan causalmente para crear su propia realidad.” Así, la realidad objetiva y la supersticiosa –la de las ideas y el hype- se fusionan en una nueva realidad reconstruida, es decir: las hipersticiones no solo ingresan a nuestra realidad sino que además la actualizan.

El ciberespacio fue, antes que nada, un dispositivo ficcional que nació como concepto en la novela Neuromante (1984) de William Gibson, idea que años después escapó hacia la realidad y se transformó en eso que hoy todos conocemos y utilizamos. Slenderman, una creepypasta creada en los foros de internet, se convirtió en un objeto hipersticioso digital en 2014 cuando dos niñas de 12 años apuñalaron a una amiga porque, según confesaron, Slenderman se les presentó en persona y les reveló que si querían vivir en su mansión del bosque debían matar a la niña.

Francisco Jota-Pérez, autor del ensayo Homo Tenius (2019): “Slenderman como elemento ficcional que, habiendo trascendido su condición de leyenda urbana radicalmente nativa del siglo XXI a través de su naturalización y absorción en el consciente colectivo, ha dejado de ser verosímil para convertirse en verificable; esto es, el Slenderman como objeto hipersticioso, una superación de la superstición, una suerte de profecía cultural autocumplida.”

La suma del hype y las supersticiones colectivas transformaron a La Zona y los stalkers ficcionales en hipersticiones. ¿Qué diferencia a Redrick, el stalker de la novela Picnic extraterreste (Strugatski, 1972) o al de la película La Zona (Tarkovski, 1979) de cualquiera de los stalkers reales que hoy te guían por lugares prohibidos de Pripyat? ¿Acaso ambas Zonas -las de la ficción y la zona de exclusión de Chernobyl- no son lugares que sufrieron accidentes que las convirtieron en espacios prohibidos, custodiados por militares, donde stalkers furtivos ingresan para recorrerlos junto a turistas o llevarse algún “suvenir” para revender?

“Aquí en Massachusetts hemos estado congregando un pequeño grupo de lectura de las obras de Lovecraft, dedicado a explorar la intersección entre la constelación cultural Nma, el contagio cthulhoide y las temporalidades distorsionadas. Nos interesa la ficción sólo en la medida en que se vuelve hiperstición (término que hemos acuñado para designar aquellas producciones semióticas que se vuelven reales a sí mismas), mensajes crípticos de los Primigenios que auguran su retorno. Creemos que el fabuloso Necronomicón pertenece a esta especie (…)”. Nick Land, Fanged Noumena vol 1. El origen del club Cthulhu (Holobionte, 2019)

La información aportada por Lovecraft en los relatos del ciclo de los mitos de Cthulhu sobre el grimorio ficticio llamado Necronomicón, hicieron de este un objeto hipersticioso. En El horror de Dunwich afirma que en la Universidad de Bs As existe un ejemplar del libro, y una leyenda urbana asegura que Borges, mientras fue director de la Biblioteca Nacional, decidió incluir una ficha bibliográfica sobre el Necronomicón, como si el libro realmente estuviera catalogado. Cuentan los empleados de la Biblioteca que desde hace años rechazan consultas de personas que piden leer este libro maldito.

En la actualidad, Cthulhu y Los Antiguos son hipersticiones con adoradores reales. Existen corrientes esotéricas como la Typhonian Ordo Temple Orientis que aseguran  que es posible invocar deidades del panteón lovecraftiano mediante complejos rituales de meditación, porque los mitos son en realidad mensajes codificados que Lovecraft  canalizó a través de sus sueños y los convirtió en ficciones; o la E. ‘. O.’. D. ‘ (Orden Esotérica de Dagón), un grupo ocultista que dice descender de antiguos cultos egipcios y sumerios, y trabajan en la magia de Lovecraft desde hace 30 años.

“Vivimos en un mundo gobernado por ficciones de toda índole: la producción en masa, la publicidad, la política conducida como una rama de la publicidad, la traducción instantánea de la ciencia y la tecnología en imaginería popular (…) Cada vez es menos necesario que el escritor invente un contenido ficticio. La ficción ya está ahí. La tarea del escritor es inventar la realidad (…) En el modelo hipersticional  la ficción no se opone a lo real. En lugar de ello, la realidad está compuesta por ficciones, territorios semióticos consistentes que condicionan respuestas perceptuales, afectivas y conductuales.”

Ramiro Sanchiz, Glosario Hipersticional (Fanged Noumena Vol. 1)

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