Lovecraft, Slenderman y Borges: Objetos hipersticiosos cotidianos

/// Por Marcelo Acevedo

Marcelo Acevedo desarrolla en este artículo el concepto de Hiperstición, una creación del colectivo CCRU liderado por Nick Land, que define a las «ficciones capaces de volverse realidad a sí mismas a través de una práctica colectiva». Un recorrido que va de los carriers del mismo CCRU hasta el Slenderman, pasando por Lovecraft, Borges y el Necronomicon.

Hype + Superstición

El neologismo hiperstición, compuesto por el prefijo hiper (mucho, excesivo) y la palabra superstición, fue propuesto por el colectivo vanguardista e interdisciplinario Cybernetic Culture Research Unit (CCRU) fundado en 1995 en el departamento de filosofía de la Universidad de Warwick, Inglaterra. Sus principales impulsores fueron la filósofa ciberfeminista Sadie Plant y el filósofo experimental Nick Land.

En 1997 Sadie Plant abandonaría su afiliación al CCRU, por lo que el colectivo quedaría liderado por el excéntrico Nick Land. Los miembros del CCRU advirtieron que había un tremendo potencial alternativo y subversivo en los blogs y la escritura colectiva en internet, por lo que dejaron de lado los fanzines en papel y se pasaron a la web, generando sus propios sitios desde donde impulsaron sus ideas radicales.

Esta sería la etapa más experimental del CCRU, plasmada en los escritos colectivos y anónimos que publicaron en el sitio ccru.net, todos adjudicados al colectivo CCRU o firmados con pseudónimos, lo que envolvía a sus autores en un aura de misterio y extrañeza.

En el año 1998 el CCRU dejó de existir oficialmente por inconvenientes institucionales, pero a pesar de que ya no eran parte del canon oficial de la universidad, el grupo comandando por Nick Land siguió vivo de forma “clandestina” hasta el año 2004, momento en el que decidieron volcar todas sus ideas al blog Hyperstition, a partir de cuyas entradas se construyó el libro Ciclonopedia de Reza Negarestani, quizá el ejemplo más claro de teoría-ficción.1

Aquellos textos -un compendio de ideas en forma de teorías arriesgadas y originales- se les atribuían a entes que ellos denominaban carriers, personajes ficticios, académicos inexistentes que el CCRU presentaba como sujetos históricos reales y cuya misión consistía en hacer llegar al lector sus conceptos teóricos mediante textos meta-ficcionales. Por supuesto, detrás de estos carriers se escondían los miembros del CCRU, que a su vez funcionaba como un “carrier colectivo” que otorgaba a sus lectores información sobre los carriers que ellos mismos incluían en los textos, en un ejercicio meta-ficcional e hipersticional formidable. En palabras de Nick Land: “La función principal de un carrier hipersticional es pensar lo que ningún ego natural puede”.

La filosofía oscura, las ideas extrañas, las especulaciones y los conceptos radicales -e incluso los constructos culturales como los carriers– que surgían desde los textos del CCRU eran difíciles de asimilar, a veces incluso indescifrables como jeroglíficos aliens, pero eran parte indivisible de aquellas teorías vanguardistas fundamentales para comprender el germen de ese movimiento de la filosofía contemporánea llamada realismo especulativo, y el nacimiento de la teoría aceleracionista.  

“Lo que CCRU se esfuerza por lograr”, dice el crítico cultural Simon Reynolds en su blog Energy Flash2, “es una especie de pensamiento nómada que, para usar el término deleuziano, se «desterritorializa» de todas las formas: teoría combinada con ficción, filosofía contaminada por las ciencias naturales (neurología, bacteriología, termodinámica, metalurgia, teoría del caos y la complejidad, conexionismo). Es un proyecto de monstruosa ambición. Y eso es antes de tener en cuenta la desterritorialización más atrevida de todas: cruzar la delgada línea entre la razón y la sinrazón.”

En los textos de la CCRU abundan análisis y teorías críticas sobre temáticas tan variadas como la cibernética, la música electrónica y la cultura rave en particular, el posestructuralismo, el ocultismo -o la “ocultura” (neologismo formado por cultura y ocultismo) para ser más exactos-, la  literatura weird, la ciencia ficción y la política; todo amalgamado en un nuevo género que fue bautizado como “teoría-ficción”, que va al encuentro de los conceptos más extraños (weird) en busca de algunas respuestas entre los intersticios de la filosofía del horror cósmico, las cosmogonías digitales, las conspiraciones lemurianas, el geotrauma y las hipersticiones.

Robin Mackay escribe en el prólogo de Fanged Noumena: “(Nick Land) se regodeaba con los juegos de palabras y un aprecio renovado por las fuentes antropológicas, mitológicas y psicoanalíticas de Capitalismo y Esquizofrenia. Le encantaba ‘fundirse’ con el CCRU, que pronto se volvería una ‘microcultura’ de culto. Sus escritos, arcanos e inatribuibles, referían a entidades extrañas e inhumanas, personajes hipersticionales y panteones sincréticos aún hoy perturbadores e irresistibles. Es como si el grupo hubiese logrado acceder colectivamente a dominios hasta entonces desconocidos de arquetipos inusitados, a la vez que borroneaban la línea que separa lo real de eso que llamaron lo ‘hipersticional’: ficciones capaces de volverse realidad a sí mismas a través de una práctica colectiva.”3

Land define a las hipersticiones como “circuitos positivos de retroalimentación que incluyen a la cultura como componente. Pueden ser definidas como la (tecno)ciencia experimental de profecías autocumplidas. Las supersticiones no son más que creencias falsas, pero las hipersticiones –por su existencia como ideas- funcionan causalmente para crear su propia realidad.” En otras palabras: una hiperstición es una profecía cultural autocumplida a fuerza de hype, es la superación de la superstición que rompe el velo de maya de la realidad, lo que a su vez crea una rasgadura hipersticional por donde se cuelan artefactos ficticios que dejaran de serlo una vez que ingresen a nuestra realidad.

Así, la realidad objetiva y la realidad supersticiosa -la del hype– se fusionan en una nueva realidad actualizada, es decir: las hipersticiones no solo ingresan a nuestra realidad sino que además la actualizan, de tal forma que, llegado un punto, ya no podremos asegurar si ese objeto hipersticioso se volvió real o si o siempre lo fue.

Antes de que las Torres Gemelas fueran impactadas y derribadas por aviones secuestrados por terroristas, se publicaron muchas ficciones que contaban exactamente eso: comics, películas, series discos, ilustraciones, y hasta publicidades mostraban a las Torres Gemelas destruidas por aviones en ataques terroristas.4 Visto en retrospectiva, el episodio piloto del spin-off de X-Files llamado The Lone Gunmen eriza la piel por la similitud entre su argumento y lo que sucedió más adelante en la realidad: en el capítulo titulado Pilot, los protagonistas descubren un conspiración de los servicios secretos estadounidenses con la intención de estrellar un Boeing 727 contra las Torres Gemelas para culpar a terroristas, declarar la guerra a algún país enemigo y conseguir el aumento del gasto público en Defensa y reflotar la industria armamentística. Seis meses después de su estreno, aviones Boeing tiraban abajo las Torres Gemelas, y las teorías de conspiración sobre un auto-atentado del gobierno norteamericano explotaban en la redes.  

Slenderman

El mito de Slenderman, un objeto hipersticioso cultural y digital, sobresale entre todas las hipersticiones modernas no tanto por su actualidad sino más bien por su popularidad. Nacido como una creepypasta en los foros de Internet, Slenderman se transformó en una hiperstición desde el momento en que dos niñas de 12 años del estado norteamericano de Wisconsin le asestaron veinte puñaladas a una compañera de colegio con la intención de asesinarla, en el año 2014. Cuando les consultaron el motivo que las llevó a cometer tan brutal acto, ellas testificaron que el propio Slenderman se les había presentado y les había asegurado que si querían vivir en su mansión del bosque y ser sus sirvientas, tenían que matar a la niña.

El escritor y guionista español Francisco Jota-Pérez opina sobre este intento de asesinato que lo llevo a escribir el ensayo Homo Tenius (2019): “Slenderman como elemento ficcional que, habiendo trascendido su condición de leyenda urbana radicalmente nativa del siglo XXI a través de su naturalización y absorción en el consciente colectivo, ha dejado de ser verosímil para convertirse en verificable; esto es, el Slenderman como objeto hipersticioso, una superación de la superstición, una suerte de profecía cultural autocomplida”.

Slenderman goza hoy de tal popularidad que su mitología digital fue adaptada a la pantalla grande en un documental y posteriormente en una ficción: Beware the Slenderman (Irene Taylor Brodsky, 2016), documental de HBO que narra la  historia de la niñas de Winscosin, y Slender Man (2018) una película de ficción dirigida por Sylvain White.

Lovecraft

Quizá sea la obra de H. P. Lovecraft -denostada por cierto sector de la autoproclamada “alta cultura” pero que sin embargo ha tenido una influencia enorme y fundamental, sobre todo en el género terror, el weird/new weird y la cultura pop en general-, el artefacto cultural de dónde más hipersticiones se desprenden.

Es normal escuchar y leer el término “Mitos de Cthulhu”, inventado por el escritor August Derleth para definir el ciclo de horror cósmico creado por Lovecraft -probablemente porque Cthulhu es una de las deidades menos abstractas del universo lovecraftiano, un ente que se puede describir e ilustrar sin mayores problemas-, aunque el nombre original que Lovecraft le había dado a su universo ficcional era Yog-Sotheria, lo que de cierta forma hace suponer que él mismo consideraba sus relatos más cercanos a la santería, hechicería o la magia literaria, que al clásico marco cerrado de mitos, panteones, deidades y cronologías. Estos “mitos” se forjaron en la pluma del escritor de Providence y se fueron engrosando -“engordando” diría Pablo Katchadjian- a través de las novelas y cuentos de los diferentes autores de horror cósmico pertenecientes a la weird fiction, el Círculo de Lovecraft y la revista Weird Tales, que tomaron como base la cosmogonía oscura creada por Lovecraft y expandieron sus límites. Dentro de este universo conviven deidades cósmicas viles, abominaciones indescriptibles a quienes cultos secretos y antiquísimos le rinden culto, lugares inconcebibles y libros prohibidos.

Los escritores pertenecientes al Círculo de Lovecraft y al canon de los Mitos de Cthulhu hacían uso de libros nunca escritos, citas inventadas, autores, estudiosos del ocultismo y profesores inexistentes, lugares y hechos ficticios, y con todo ello creaban un archivo compartido de un mundo oculto a los ojos de los no iniciados. Entonces, cuando un escritor resaltaba a un autor ficticio en sus cuentos –pongamos el escritor del Al Azif (mejor conocido como Necronomicón) el Árabe Loco Abdul Alhazred, inventado por Lovecraft- y otro autor lo retomaba en sus relatos, no sólo lo reforzaba como un ser/objeto real, sino que le agregaba valor añadido y hacía más robusto el corpus de los mitos. El hype sobre la obra de Lovecraft y su círculo de escritores, la superstición y la utilización del sistema de referencias repetidas, lograron que hasta el día de hoy exista mucha gente crea que El Necronomicon y su autor Abdul Alhazred fueron reales.

Lovecraftian/gothic artwork dump - Album on Imgur | Lovecraft monsters,  Lovecraft art, Cthulhu art

Que el CCRU haya recurrido a la práctica de un sistema similar de referencias retroalimentadas y ficticias demuestra lo importante que es la figura de H. P. Lovecraft como escritor pero también como líder de,  no sólo para la corriente literaria weird/new weird, sino también como base de la teoría-ficción y la hiperstición, fundamental en los textos publicados por el colectivo liderado por Nick Land.

Muchos escritos del CCRU utilizan la técnica del archivo compartido: citas falsas, autores ficticios, libros inexistentes, intercambios epistolares inventados. Por ejemplo, en el capítulo 11 del libro Fanged Noumena Vol. 15 (El origen del club Cthulhu) pueden leerse fragmentos de misivas entre los carries conocidos como El capitán Peter Vysparov y la doctora Echidna Stillwell, supuestamente datadas entre marzo y mayo de 1949:

Peter Vysparov a Echidna Stillwell, 7 de mayo de 1949 [fragmento].

Aquí en Massachusetts hemos estado congregando un pequeño grupo de lectura de las obras de Lovecraft, dedicado a explorar la intersección entre la constelación cultural Nma, el contagio cthulhoide y las temporalidades distorsionadas. Nos interesa la ficción sólo en la medida en que se vuelve hiperstición (término que hemos acuñado para designar aquellas producciones semióticas que se vuelven reales a sí mismas), mensajes crípticos de los Primigenios que auguran su retorno: shleth hud dopesh. Ésta es la ambivalencia –o el círculo– de los relatos de Cthulhu: ¿quién escribe, y quién es escrito? Creemos que el fabuloso Necronomicon (contratexto hechiceril al Libro de la Vida) pertenece a esta especie y, todavía más, que la recuperación que usted ha alcanzado de la Matriz Pandemoníaca Lemurodigital accede a él en su hiperfuente.

La información aportada por Lovecraft sobre el Necronomicón -un supuesto grimorio lleno de invocaciones a entidades oscuras escrito por un árabe loco- y su autor, desperdigadas en los distintos relatos de los Mitos de Cthulhu, finalmente hizo del libro un objeto hipersticioso. Lovecraft ofrece ubicaciones incomportables del libro y dueños inexistentes, como el supuesto ejemplar que se encuentra en la ficticia Universidad de Miskatonic en Arkham, con precisiones que lo hacían todo aún más creíble: “(…) temible volumen guardado bajo siete llaves en la biblioteca de la Universidad de Miskatonic: el pavoroso Necronomicón, del enloquecido árabe Abdul Alhazred, en versión latina de Olaus Wormius, impreso en España en el siglo XVII.”; o aquel ejemplar que, según se cuenta en El caso de Charles Dexter Ward (1927), está en posesión de uno de los personajes del cuento, un hombre llamado Joseph Curwen: “Había una abundante representación de libros medievales árabes y judíos, y el señor Merritt empalideció cuando al sacar de la estantería un hermoso volumen claramente titulado Quanoon-e-Islam descubrió que en realidad se trataba del prohibido Necronomicón del árabe loco Abdul Alhazred, de quien había oído murmurar cosas tan espantosas hacía ya años, cuando salieron a la luz los innombrables ritos del extraño puerto de pescadores de Kingsport, en la provincia de la bahía de Massachusetts”.

Pero Lovecraft iba siempre un paso más allá y a aquellas locaciones y personas ficticias le sumaba lugares existentes, universidades verdaderas y personajes históricos reales como por ejemplo en El horror de Dunwich donde habla de que en “la Biblioteca Widener de Harvard, la Biblioteca Nacional de París, el Museo Británico, la Universidad de Buenos Aires” podrían hallarse ejemplares del Necronomicón, o que Wilbur, uno de los protagonistas del cuento, llevaba consigo “el inapreciable, pero incompleto, ejemplar de la versión inglesa del Necronomicón del Dr. Dee6 que su abuelo le había legado”.

Escribe el investigador Rafael Llopis sobre el Necronomicón: “Este último libro es mencionado con tal lujo de detalles bibliográficos y se citan tantos pasajes suyos en los Mitos que mucha gente ha llegado a creer en su existencia real. Derleth relate en un divertido artículo cómo, al principio, algunos lectores engañados empezaron a insertar anuncios, solicitándolo, en las revistas serias y respetables.”7

Derleth cita el siguiente anuncio, aparecido en 1962 en el Antiquarian Bookman: Alhazred, Abdul. Necronomicon (España, 1647). Encuadernado en piel algo arañada y descolorida, por lo demás en buen estado. Numerosísimos grabados, signos y símbolos místicos. Parece tratado (en latín) de Magia Ceremonial. Ex libris. Sello en guardas indica procede de Biblioteca Universidad Miskatonic. Mejor postor.”

Por su parte, la prestigiosa revista Publishers Weekly, una publicación semanal neoyorquina fundada en 1873, especializada en reseña de libros y divulgación de noticias para libreros, bibliotecarios, anticuarios, editores y agentes literarios, publicó en la sección “Noticias para los vendedores de libros raros” en su edición de diciembre de 1945, que se encontraba a la venta una copia del Necronomicón proveniente de la biblioteca de Universidad de Arkham en Massachusetts.

El libro ha sido a menudo solicitado en las bibliotecas públicas, e incluso figuró en los ficheros de dichas librerías, como por ejemplo en 1960 se descubrió, en el archivo de la Biblioteca General de la Universidad de California:

BL 430
A 47
B
Alhazred, Abdul aprox.
738 D.C.
NECRONOMICON (Al Azif) de Abdul Alhazred. Traducido del griego por Olaus Wormius (Olao Worm) xiii, 760 págs., grabados madera, enc. Tablas, tam. fol. (62 cm.) (Toledo), 1647

August Derleth aseguraba que esta ficha era “deliciosamente plausible, ya que la sección BL 430 de la Biblioteca está dedicada a las religiones primitivas y la letra B corresponde a un armario cerrado donde se guardan los libros que no pueden ser hojeados por cualquiera”.

Borges

La Universidad de Buenos Aires, al ser uno de los lugares estratégicos donde se guarda uno de los pocos ejemplares existentes del Necronomicón -según se cuenta en El horror de Dunwich– no fue la excepción, y el mito colectivo sobre la veracidad del Necronomicón también se coló entre las calles porteñas, aunque por alguna extraña razón el lugar de residencia del libro maldito terminó siendo la Biblioteca de Buenos Aires. No se sabe a ciencia cierta si a partir de este dato nació el mito urbano de Jorge Luis Borges y el Necronomicón, o si fue el mito fue quien trasladó a este objeto hipersticioso a la Biblioteca de Buenos Aires. Lo cierto es que existe una la leyenda que asegura que Borges8, mientras  fue director de la Biblioteca Nacional durante el periodo 1955-1973, decidió incluir una ficha bibliográfica sobre el Necronomicón en la Biblioteca, como si el libro realmente estuviera catalogado. Según cuentan los empleados de la Biblioteca Nacional, desde hace años rechazan consultas de personas que piden leer el libro nacido en la imaginación de Lovecraft.

El escritor argentino Enzo Maqueira narra en una divertida crónica que el francés Jean-Pierre Léaud -actor fetiche de Jean-Luc Godard y François Truffaut e ícono del movimiento cinematográfico conocido como Nouvelle Vague- en su visita a nuestro país en el año 2018 estaba interesado en -o más bien desesperado por- conocer el ejemplar del Necronomicón que se supone duerme en la Biblioteca Nacional: “vine a la Argentina por el festival de Mar del Plata, pero secretamente sabía que en realidad venía a buscar el Necronomicón. Crucé el Atlántico por eso”, supo confesar Léaud.  El escritor cuenta que tuvieron que repetirle en repetidas varias oportunidades que en todo caso no es en la Biblioteca Nacional donde debería estar el libro maldito, sino en la Universidad de Buenos Aires, y que, aunque -según Maqueria- es cierto que Borges escribió una ficha para el Necronomicón, la ficha desapareció dos años después: “Incluso se dice que Borges quedó ciego después de leer el libro. En esa zona hay muchos túneles subterráneos, catacumbas… Si queremos dejar volar la imaginación, podría ser que Borges hubiera escondido el libro en alguno de esos laberintos.”9

“Pero sería gracioso que estos Mitos de Cthulhu, que esta religión sabida falsa desde un principio, acabara por ser aceptada como cierta. No sería posible que los ocultistas –que, en general, y pese a su negativa, mantienen una postura predominantemente estética– empezaran a descubrir que hay en los Mitos más verdad de lo que parece. Tal vez algún ocultista engañado cite algún día en sus obras el Necronomicon. Acaso entonces sus discípulos y lectores crean al maestro y Cthulhu empiece a tener adoradores reales” escribe Rafael Llopis en la introducción de Los Mitos de Cthulhu.  

Pues bien, eso fue exactamente lo que pasó. Algunos ocultistas creen haber descubierto que tras los Mitos hay más verdad de la que se quiere reconocer, y en la actualidad Cthulhu y otras deidades del panteón lovecraftiano tienen adoradores reales como la Typhonian Ordo Temple Orientis (Orden Tifoniana) y la E. ‘. O.’. D. ‘ (Orden Esotérica de Dagón) que creen que es posible invocar a los Antiguos mediante complejos rituales.10

Aquellas palabras proféticas de Rafael Llopis implantaron una paradoja hipersticional que recuerda a la escena de The Matrix (Wachowski, 1999) en la que Oráculo (Gloria Foster) y Neo (Keanu Reeves) se conocen y tienen la siguiente conversación:

-Oráculo: Te invitaría a sentarte, pero sé que no lo vas a hacer. Y no te preocupes por el jarrón.

-Neo: ¿Cuál jarrón? (hace un movimiento, tira un jarrón al piso y se rompe).

-Oráculo: Ese jarrón.

-Neo: Disculpe.

-Oráculo: Te dije que no te preocuparas. Alguno de mis niños lo arreglará.

-Neo: ¿Cómo lo supo?

-Oráculo: Lo que va a hacer que te rompas la cabeza más tarde es: ¿lo habrías roto si yo no te hubiese dicho nada?

Convivimos con objetos hipersticiosos a nuestro alrededor sin ser conscientes de ello. El concepto ficcional de ciberespacio -propuesto por primera vez por William Gibson en su novela Neuromante (1984)-, los Stalkers y La Zona –nacidos de la pluma de los Strugatski y la cámara de Tarkovski, o la bolsa de Wall Street, “la gran hiperstición” –según el propio Mark Fisher-, con sus mecanismos de especulación y apuestas por algo que aún no existe (dólar futuro), con el respaldo de otro objeto hipersticioso como el dinero, son algunos ejemplos clarísimos.

Queda una última pregunta para quienes aún se cuestionan si las hipersticiones son reales: ¿Acaso esas masas que salen a protestar con máscaras de Guy Fawkes cubriéndoles el rostro, no nacieron primero en la imaginación de un mago, para luego convertirse en un comic, más adelante en una película, y finalmente escapar a la realidad como una hiperstición masiva?


1- Ciclonopedia es un artefacto en forma de libro escrito por el filosofo iraní Reza Negarestani, una novela del género “teoría-ficción”, mezcla de ensayo filosófico y literatura de terror y ciencia ficción weird, con teorías lingüísticas, ideas sobre geopolítica, capitalismo, terrorismo, magia, demonología, dioses antiguos y el petróleo como el cadáver de un sol muerto. Uno de los libros más extraños y adictivos que se han escrito en mucho tiempo. 

2- www.energyflashbysimonreynolds.blogspot.com

3- Nick Land, Fanged Noumena Vol. 1 (Holobionte Ediciones, 2019)

4-En este video de Gavedad Zero – El lado Z de la fe se recogen muchas de estas ficciones que anticiparon la caída de las Torres Gemelas a manos de terroristas: https://www.youtube.com/watch?v=GcVo4t1x10w

5- Nick Land, Fanged Noumena Vol. 1, capítulo 11 “El origen del Club Cthulhu” (Holobionte Ediciones, 2019)

6- Referencia a la figura del matemático, astrónomo, alquimista, ocultista, astrólogo y consejero personal de la reina Isabel I de Inglaterra,  el inglés John Dee, quien dice haber descubierto junto al alquimista y ocultista Edward Kelly la poderosa y peligrosa magia enoquiana, basada en el idioma de los ángeles y los humanos, previo a la Torre de Babel. 

7- Los mitos de Cthulhu (Ed. Alianza, Madrid, 1969)

8-A pesar del supuesto rechazo por la literatura de Lovecraft, Borges le dedicó uno de sus cuentos (There are more things,1975) coronado con un epígrafe que reza “A la memoria de Howard P. Lovecraft”.

9- https://www.clarin.com/cultura/busqueda-biblioteca-nacional-libro-magia-maldito-borges-ficho_0_Y1NfJdJRt.html

10- En 1997 la NOAA detectó unas extrañas ondas sonoras de baja frecuencia que bautizaron “El Bloop”. El sonido no era artificial ni un evento geológico, sino más bien compatible con el de una criatura viva colosal. La fuente original de El Bloop provenía de una localización relativamente cercana (1.760 Km) al lugar donde se supone que se ubica la ficticia ciudad de R’lyeh donde “el muerto Cthulhu espera soñando” (“Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn»). Esto no hizo más que acrecentar la idea de que el viejo Cthulhu estaba a punto de despertar en forma hiperstición.