Paisajes experimentales: antología de nueva ficción extraña

Synco publica el prólogo de Juan Mattio a la antología «Paisajes experimentales» que reúne once relatos que habitan el territorio de la nueva ficción extraña. El libro, publicado por Indómita Luz Editorial y que saldrá de imprenta en las próximas semanas, intenta construir una pequeña constelación de literaturas extrañas que se están produciendo en el país.

// Por Juan Mattio

¿Por qué new weird?

La corriente literaria que se conoce como New Weird nació en Inglaterra hace ya más de una década cuando una serie de autores, entre los que se encontraban China Mieville, M. John Harrison y Justina Robson, se reconocieron en un mismo campo de experimentación literaria. Ann y Jeff VanderMeer armaron una antología que se publicó en 2008 y que pretendía funcionar como bestiario de estas confluencias. En el prólogo del libro se dan algunas coordenadas sobre los puntos en común de esas ficciones.

Lo que caracteriza al New Weird es el pastiche de género, el uso sin prejuicios de los imaginarios del terror, la ciencia ficción, el policial y el fantástico. Híbridos que no están dispuestos a respetar la frontera entre los géneros pulp, y que echan mano a distintas tradiciones para construir mundos nuevos.

El weird clásico -o ficción extraña-, se había inaugurado con HP Lovecraft y Clark Ashton Smith, reunidos en torno a la revista Weird Tales que fue publicada en la década del 1920, en lo que se conoce hoy como los años dorados del pulp. Su línea de continuidad estuvo en el terror tradicional contemporáneo. Ahí «extraño» se refería a elementos a veces sobrenaturales, a veces fantásticos, pero que casi siempre aparecían de una forma literal y explícita en los relatos. 

¿Cómo distinguimos el viejo weird del nuevo weird? La respuesta que dan Ann y Jeff VanderMeer tiene dos aspectos. Por una parte, la Nueva Ola de la ciencia ficción en la década de 1960 puede considerarse el primer impulso de esta corriente. Autores como Michael Moorcock y JG Ballard, se reunieron en la New Wave para mezclar géneros, confundir límites entre literatura pulp y vanguardia, y se involucraron en la experimentación formal, muchas veces con un punto de vista político muy nítido. Esa lógica fue heredada por las generaciones posteriores.

El segundo estímulo que leen Ann y Jeff VanderMeer es el trabajo de Clive Barker en la década de 1980, en especial los «Libros de Sangre». Ahí Barker publicó cuentos que mezclaban el terror con el fantástico y construían una visión contemporánea del tipo de horror que había desarrollado Lovecraft, al mismo tiempo que lo superaba al relatar eventos en los que el monstruo o el origen del miedo podían no ser revelados o explicados nunca.

En resumen, lo que podemos pensar como New Weird es no sólo la confluencia de géneros pulp, sino también la reunión de imaginarios desaforados con técnicas literarias experimentales. Algo similar a lo que pasó en el cine en los años 70 cuando grandes directores como Werner Herzog, Roman Polanski o Stanley Kubrick hicieron usos espurios –y extraordinarios- del terror, la ciencia ficción y el noir.

Fantástico en el Río de la Plata

La literatura en el Río de la Plata tiene una larga tradición de imaginarios fantásticos donde podríamos reunir a Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Horacio Quiroga y Felisberto Hernández, entre muchos otros. En el año 1975 fue el propio Julio Cortázar quien escribió un ensayo con el título “Notas sobre el gótico en el Río de la Plata” donde afirmaba: “Para desconcierto de la crítica, que no encuentra explicación satisfactoria, la literatura rioplatense cuenta con una serie de escritores cuya obra se basa en mayor o menor medida en lo fantástico, entendido en una acepción muy amplia que va de lo sobrenatural a lo misterioso, de lo terrorífico a lo insólito, y donde la presencia de lo específicamente ‘gótico’ es con frecuencia perceptible”.

Los elementos fantásticos o góticos pueden reconocerse incluso en zonas inesperadas de la literatura argentina como en las novelas de Manuel Puig (las películas de terror que cuenta Molina a Arregui en “El beso de la mujer araña”), en la prosa poética de Alejandra Pizarnik (su ensayo “La condesa sangrienta” está inspirado en la figura de Erzebet Bathory) o en el trabajo editorial de Rodolfo Walsh (quien publicó en 1956 la “Antología del cuento extraño”).

Lo cierto es que en Argentina nunca hubo un mercado editorial similar al de los géneros pulp de los Estados Unidos, y eso nos obliga a pensar en condiciones de circulación de este género muy distintas. La revista “Sur”, por ejemplo, fue el lugar de reunión para Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares cuando prepararon la “Antología de literatura fantástica”. Es probable que, como señalaron María Teresa Gramuglio y Ricardo Piglia, esa antología fuera parte de una estrategia que intentaba generar las condiciones de lectura para sus propias obras. Sin embargo, sería un error pensar que los géneros fantásticos se articularon solo en espacios como “Sur”, en nuestro país también existieron revistas como “Más allá” (1953-1957), “Minotauro” (1964-1967) o “El Péndulo” (1979-1987), muy lejos de los centros de prestigio y legitimación literaria. 

De modo que las siempre inestables relaciones entre mercado y prestigio tienen una fisonomía muy particular en la literatura argentina. Tanto la ciencia ficción como el policial o el terror en lengua inglesa tuvieron que recorrer un largo camino antes de ser considerados literatura seria en los países de Occidente y escapar de la categoría de literatura de evasión donde fueron ubicados en la Unión Soviética y en buena parte de las lecturas de la izquierda marxista. En nuestro país, en cambio, la presencia de Borges construyó dispositivos de lectura que hicieron posible la legibilidad de ciertos segmentos de este imaginario mucho más rápido (sobre todo lo que se conoce como literatura fantástica), aunque muchos otros quedaron en los márgenes (en especial la ciencia ficción y el terror).

Es por esto que la hipótesis de un new weird argentino debe tener en cuenta estas diferencias cruciales. Si la literatura de M. John Harrison y China Mieville es un después-de HP Lovecraft, los imaginarios fantásticos en nuestra literatura son un después-de Borges. Su presencia es incluso decisiva para los escritores de lengua inglesa. Harrison ha dicho, por ejemplo, que “es imposible escribir ficción extraña sin entender el grado de deuda que tenemos con Borges”.

Un bestiario

Este libro reúne autores que han empezado a publicar sus ficciones en el siglo XXI y sus imaginarios se construyen, no solo con lo que podríamos llamar la tradición argentina, sino también con múltiples usos del terror, la ciencia ficción y el fantástico que hace la cultura de masas. Es una generación que creció viendo las películas de George Romero o Tobe Hooper, que leyó con entusiasmo los cómics de Alan Moore, que se acercó a la literatura de Úrsula K. LeGuin o Margaret Atwood ya sin prejuicios.

Artefactos capaces de reunir los zombis de Romero, la prosa de LeGuin y las técnicas narrativas de Borges. Creo que ese tipo de interferencias son las que interesan a los autores y las autoras de esta antología.

En el caso de Yamila Bêgné tenemos un cuento que reúne a tres hombres que han soñado, la misma noche, con el tren antes de que el tren se inventara. Los personajes se reúnen a comparar sus visiones y tratar así de comprender lo que vislumbraron. Cajas de humo propone un mundo onírico y extraordinario que está escrito con una precisión asombrosa.

El cuento Voy a necesitar que me lo expliquen desde el principio de Kike Ferrari plantea una ciudad hecha de muchas ciudades, donde el tiempo está roto (the time is out of joint) y los eventos se desarticulan sin que nadie logre rencausarlos. Ferrari es uno de los autores que escribe, tal vez, con mayor cercanía programática al New Weird original y donde pueden leerse ecos nítidos de la literatura de China Mieville.

Claudia Aboaf construye uno de los paisajes experimentales más inquietantes de la antología en El manual del ángulo de la Bolsa azul. Un mecánico naval en una isla abandonada de Japón emprende un exilio solitario y melancólico que hace pensar en algunas ficciones del Ballard de Playa terminal. El pasado nuclear confluye con una memoria familiar en una Buenos Aires muy distante, y el presente parece desintegrado.

En Osobuco, Ever Román imagina un escenario postapocalíptico en la ciudad de Asunción. Las calles desoladas, los comercios saqueados y el intento terco, caprichoso, de la gente de continuar con su vida de siempre. Un narrador que es capaz de contar las pequeñas proezas domésticas del protagonista y, al mismo tiempo, reflexionar sobre las similitudes entre los esquemas narrativos de la ciencia ficción y la telenovela.

La apuesta de Laura Ponce es donde, tal vez, se escucha más clara la influencia de la ciencia ficción. Su relato El prisionero propone un escenario de futuridad distópica, un nuevo orden social totalitario y en esa realidad, la mutación de la especie como única puerta de escape de la pesadilla. Por momentos cercano a “El fin de la infancia” de Arthur Clarke y por momentos cercano a “1984” de George Orwell, el relato indaga en la relación primordial entre memoria e identidad.

Ricardo Romero se incluye en esta antología con un fragmento de su novela Big Rip de próxima aparición. En el centro de esta historia está la relación del protagonista con su drone, un artefacto que lo sigue a dónde vaya y le permite una nueva percepción del mundo. Es la historia de un ciborg, de un cuerpo que se transforma auxiliado por un dispositivo, y es también el extrañamiento profundo de la realidad que produce la tecnología. Una percepción alucinada que mira al mundo por primera vez.

En Mi pez, Dolores Reyes propone un relato del río, del Delta, que reúne a una familia con tres hermanos pequeños, que pasan los días pescando, ignorados por sus padres pero, al mismo tiempo, unidos entre ellos por hilos inexplicables. Reyes trabaja con la soledad profunda de los niños que crecen entre niños. Una historia construida con materiales ambiguos y donde lo no dicho se expande como una mancha en la superficie del agua.

El relato que propone Marcelo Carnero se llama Huesos y tiene como escenario principal esos enormes laberintos que son los hospitales públicos. En ese territorio el protagonista encuentra una serie de presencias que lo ponen en contacto con otras causalidades, con otras formas de entender el tiempo y el espacio. Un cuento con sensibilidad espeluznante que no busca la comprensión sino el extrañamiento.

Marina Yuszczuk escribe en Alemania una escena cotidiana, la visita de la narradora a una vecina anciana, y logra exasperar lo real de tal modo que el lector termina por perder la referencia de lo que sucede. ¿Es posible la telepatía? ¿Se puede escuchar el pensamiento? El clima de incertidumbre que genera cualquier casa desconocida cuando se hace de noche y nadie enciende la luz.

La arquitectura de El fantasma y la oscuridad de Leo Oyola nos ubica en los ingenios azucareros del norte argentino, en los años de la dictadura, cuando la realidad misma parecía imitar las películas de terror más espantosas. Un personaje perseguido, acosado, que intenta escapar. Y la advertencia de sus amigos de que tenga cuidado porque en el camino se puede encontrar con el Familiar. Un relato de asfixia donde el monstruo –fantástico o histórico- acecha a cada paso.

La antología cierra con El niño de barro de Betina González. Un relato de belleza triste, donde alguien, el narrador, construye pequeñas criaturas que lo ayudan a conocer el mundo. Una miniatura donde se pueden escuchar los ecos lejanos de “El Golem” de Gustav Meyrink y que permite indagar en el lado oscuro del amor y la fe.

Paisajes experimentales

Esta antología fue posible porque en mi camino como lector me fui encontrando con libros como “Cometierra” (Dolores Reyes, 2019), “La boca seca” (Marcelo Carnero, 2014), “La habitación del presidente” (Ricardo Romero, 2015), “América alucinada” (Betina González, 2016) “Todos nosotros” (Kike Ferrari, 2019), “Los límites del control” (Yamila Bêgné, 2017) o “Serenos en la noche” (Ever Roman, 2018). Con el correr de los libros se empezó a formar esta extraña galaxia literaria y, con ella, la hipótesis de que podíamos reunir a estos autores y autoras bajo un signo común.  

Las trayectorias de quienes participan de esta antología son muy diversas. Hay quienes vienen de poéticas asociadas al realismo, al policial, al terror, a la ciencia ficción. Lo que me importa son las zonas comunes, esos ámbitos donde escritores y escritoras de una generación parecen estar movidos por preguntas similares. Esta antología, por supuesto, no quiso ni pudo ser exhaustiva. Apenas un bestiario de ficciones que pusieran a prueba una hipótesis de lectura. Pero entre las ausencias que me gustaría señalar están las de Mariana Enriquez y Samanta Schweblin en el ámbito de la narrativa y en el amplio campo de la novela gráfica, “MEGA” de Salvador Sanz (publicada en 2020), “Monarch” de Mantella, Túnica y Bunge (publicada en 2019), “Intensa” de Sole Otero, (publicada en 2019) y la distopía de “La burbuja de Bertold” de Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti (publicada en 2005). Creo que estas ficciones nos ayudarían a armar un mapa mucho más completo de lo que considero new weird o nueva ficción extraña en nuestra literatura.

El título de la antología es, también, una hipótesis. Una idea que surgió en la lectura de Ballard y que intenta preguntarse por la productividad política de la imaginación. Los escenarios desolados de Ballard no son sólo melancólicos, son también una forma de reorganizar los objetos, las identidades, el mundo todo. Esa belleza de la que hablaba Lautremont cuando sucede el encuentro fortuito sobre una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas. Los paisajes experimentales son dispositivos que intentan indagar la realidad, volverla inestable, encontrarle fisuras. Creo que estos once relatos cumplen con ese objetivo: volver el mundo extraño y mostrar, así, que la asfixia de lo real no es definitiva.

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Este es el prólogo a «Paisajes experimentales: antología de nueva ficción extraña» que publica Indómita Luz Editorial. El libro saldrá de imprenta a finales de octubre. Para quienes estén interesados en acceder a la preventa (con descuento en el precio de venta al público) pueden ingresar a este link. ACÁ LINK DE PREVENTA