Para acabar con el extractivismo psíquico del capital (fascinaciones capitalistas II)

La apuesta teórica de Emiliano Exposto es potenciar los artefactos oníricos, politizar el inconsciente, utilizar el material psíquico excedente que genera el capital. ¿Cómo se relaciona el capitalismo 4.0 con la tercera etapa del inconsciente? ¿Dónde se localizan las alucinaciones del postcapitalismo? La pregunta –dice- es cómo diseñar las fuerzas políticas necesarias para rechazar el trabajo psíquico chipeado por el capital. Segunda entrega de Fascinaciones capitalistas.

Por Emiliano Exposto

0.

Nick Land afirma: “La catástrofe es el pasado desmoronándose. La anástrofe es el futuro creándose”. Las máquinas psíquicas son la matrix del infrapresente chirriando, extraño, en disputa, precarizado. Como dijo Burroughs para el caso del lenguaje, lo inconsciente constituye un xenovirus del espacio exterior. El capital inconsciente no es una función humana. En cambio, opera como un circuito maquínico, una ingeniería infopsíquica: hibrido de ciberflujos, biodatos y tecnoafectos proliferantes y recombinados en ese hábitat posthumano que aún llamamos, por comodidad, relaciones sociales. Las frecuencias y mutaciones del inconsciente horadan la unidad contradictoria del metabolismo social.

Deleuze y Guattari sostenían que si no fuera por la acción de los Estados los flujos abstractos de capitales se expandirían hacia lugares impensados del sistema solar, mezclando espacialidades desconocidas, mestizando temporalidades inusitadas. Pero eso ya es cosa del pasado: el capital postapocalíptico será intergaláctico o no será. Lo inconsciente también.    

1.

La máquina suicida del capital chipea el psiquismo proletario, aventajando a sus asesinos. El dispositivo político básico para enchufar en las máquinas psíquicas la dominación impersonal por abstracción que caracteriza a las formas capitalistas del valor, la mercancía, el trabajo abstracto y el dinero no es otro que el extractivismo del trabajo inconsciente. Las máquinas precarias de la clase trabajadora resultan explotadas de modo diferencial y desigual por el capital, según opresiones particularistas de tipo racistas, capacitistas, sexistas o etaristas. Esta operatoria busca que tales maquinas frágiles sean puestas a trabajar para reproducir las condiciones de su propia sujeción. Tal verdad se revela en estos contextos de crisis apocalípticas, asechados por los futuros espectrales de las luchas pasadas y conflictos actuales que tensionan la objetivación inmunopolítica de lo viviente; infectados por un hipervirus que parasita los nervios de un cerebro social regulado por el gobierno necropolítico de miedos, enfermedad, pánicos, cadáveres, cansancio e incertidumbres.

Tenemos que interferir nuestra inserción a nivel del psiquismo en la reproducción de la desbocada picadora de carne que es el capitalismo. Los automatismos psicotécnicos que impone violentamente la máquina de terror del capital se vuelven incontrolables para el cuerpo social, al actuar de espaldas a la voluntad consciente de las deliberaciones democráticas y allende los anhelos preconcientes de decisión colectiva. El capital inconsciente se acelera de forma exponencial provocando convulsiones libidinales y patologías biosemióticas, acentuando la disolución demoledora de la biosfera en la tecnosfera. La singularidad de este big crunch capitalista intensifica los extractivismos psíquicos que recaen sobre la explotación del trabajo inconsciente de las máquinas precarizadas de la clase trabajadora. Si antes de la cuarentena y el confinamiento por la pandemia mundial, algunos (prontos a implosionar) queríamos parar las máquinas fundidas, ahora muchos no sabemos cómo hacer para desacelerar la explotación inconsciente sobre la cual se monta la violencia psíquica del capitalismo. Sin embargo, un análisis militante del inconsciente, en tanto vector de politización (política situada del síntoma) y de coinvestigación auto-organizada (epistemología militante), no podría resumirse a elaborar una crítica del malestar en el trabajo atendiendo a sus determinaciones sociales abigarradas en procesos inconscientes, sea que se los defina como dispositivos libidinales de subordinación afectiva, servidumbre emocional involuntaria, esclavitud pulsional o identificación ambigua con la ideología dominante. La tarea estriba en experimentar las posibilidades de desacato o sabotaje del capital inconsciente, hackeando los extractivismos psíquicos instalados en la programación oscura de los sistemas deseantes, imaginarios, sensibles y semióticos de las máquinas psíquicas.

2.

En el libro ¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no?, Alejandro Galliano traza una cartografía crítica de las relaciones sociales de ciencia, técnica y tecnología en el capitalismo contemporáneo, prestando particular atención a los nuevos modos de explotación, acumulación e imágenes de futuros, recuperando los aportes de los aceleracionismos, la economía popular, los transhumanismos, los decrecionismos, los animalismos. Galliano caracteriza a la fase actual del antagonismo capital-trabajo como un capitalismo 4.0.

Bifo Berardi viene insistiendo sobre la emergencia de una tercera etapa del inconsciente, la cual requería concebir renovados protocolos de investigación y principios de intervención.

Luego del inconsciente freudiano, el lacaniano y su contestación guattariana, adviene (o deviene) el inconsciente 4. 0 de nuestra era, caracterizado por la precarización de las máquinas psíquicas proletarias en el contexto (post)apocalíptico del devenir intergaláctico del capital.

Elons Munsk, y su empresa aeroespacial Space X lista para conquistar marte y quién sabe qué otros destinos, es nada más y nada menos que el Freud del siglo XXI: las colonias del inconsciente ya no están en las “profundidades” del sujeto, sino en el ciberespacio exterior.

3.

Los niños de Akira portan poderes psíquicos maravillosos y saberes clandestinos que tienden a resultar incontrolables para la maquinaria capitalista que los provoca y usufructúa.

¿Cómo ir más allá de la anarquitectura capitalista a partir de las potencias deformes que la fuerza abstracta del capital despierta en la producción deseante, tecnosemiótica y cognitiva, sin por esto mismo destruir en el intento todas las aplicaciones existenciarias de las máquinas psíquicas? Ese es el desafío estratégico que nos plantea la película Akira a los comunistas.

Desde hace muchos años, estas máquinas psíquicas precarizadas sueñan recurrentemente, y de manera indistinta, con el apocalipsis, con una invasión marciana, con la extinción. La figuración imaginal se repite, como diferencia: una nada incolora arrasa con todo. Antes que alienados, andamos como alienígenas de pesadillas aniquilantes. Las capas cósmicas, ensoñadas, del psiquismo proletario están alteradas por condensaciones pavorosas y desplazamientos nebulares desinhibidos por el devenir mortífero del capital. En tiempos de ciclotimia emocional, psicodeflación, inflación semiótica y aturdimiento demencial, es necesario politizar los artefactos oníricos donde se produce lo inconsciente. Las máquinas psíquicas, navegando averiadas entre imágenes de catástrofe, sensaciones de colapso, cuidados, solidaridad y figuración de futuros inciertos, atraviesan las crisis, las invenciones y el terror habitando malestares desiguales, preguntas imposibles y deseos ambivalentes.

Una crítica de la economía política de lo inconsciente amplia las geografías opacas y ritmos confusos que se encuentran actuando en el campo de fuerzas del deseo social. Problematiza los modos de explotación y extractivismo psíquico, investigando en lo fundamental las estrategias de rechazo del trabajo inconsciente intentando explorar algunas de las múltiples composiciones en las máquinas psíquicas. Las crisis irresueltas del capital estallan en las convulsiones y cataclismos de las máquinas estropeadas, las cuales transitan umbrales de obsesión productiva, psicosis infoexpresiva, paranoia higienista-securitista. Pensar las vidas proletarias, aquí y ahora, supone pensar las máquinas psíquicas de las crisis: quemadas, abyectas, manijas, saturadas, exánimes, errantes, revoltosas, aterradas, cuidadosas, no incluibles en esta enumeración, computabilizadas, incategorizables, tediosas, que penden de un cablecito, estresadas, vacías, inventivas, insensibles, placenteras, sobreadaptadas, ambivalentes, productivistas, bizarras, anacrónicas, tristes, inadecuadas, panicosas, monstruosas, alegres.

4.

Tal vez no sea posible seguir sosteniendo sin mediaciones la tesis fisheriana del realismo capitalista tras la intensa lucha de clases que recorrió el mundo durante el 2019 y en medio de estas crisis habitadas por espectros de rebeliones pasadas y futuros aún no cancelados. 

Si cedimos ante el diagnóstico crítico en torno a la dificultad de imaginar alternativas globales postcapitalistas, no fue sino para recuperar la iniciativa estratégica en todos los planos de las formas de vida: en la lucha cultural, social, política, existencial, tecnológica.

¿Cuánta “patologización psi” traficamos, desde las izquierdas, cuando asumimos como propios los “síntomas” y “diagnósticos” usualmente detectados en torno a la melancolía de izquierdas, el hedonismo depresivo consumista, la “epidemia de enfermedad mental” o la nostalgia como principio de realidad cultural? ¿Cuánto de todo esto es contestado, o subvertido, desde los futuros posutópicos abiertos por los feminismos? ¿Es posible pensar sin concesiones, mirando de frente al enemigo, en este caso al realismo capitalista, sin restringirse a repetir la tesis más o menos obvia que subyace a esto: la historia narrada desde la victoria del enemigo, es decir la historia de nuestra derrota y fracaso histórico?

Vivimos épocas paradójicas, en las que se visibilizan cada vez más los malestares desiguales, y sus formas de privatización y politizaciones en lucha, radicalizando asimismo las imaginaciones afectivas futurizantes que disputan dentro y contra el futuro ecocida y extraterrestre del capital, discutiendo en acto la supuesta (y lenta) “cancelación del futuro”.

Al contrario de lo que sugiere Fisher, con cierta tonalidad conciencialista, las máquinas psíquicas no se encuentran atrapadas en el siglo XX, con sus guerras y revoluciones; ni condenadas a la instantaneidad acelerada del siglo XXI, con sus bancarrotas financieras, ecologías hipertecnologicas, psiquismos destartalados, depresiones, pandemias y revueltas populares. Los engranajes deseantes de las máquinas psíquicas proletarias muestran que, para estos bichos protésicos, catatónicos y posidentitarios, el pasado tiende a diluirse en un presente derrumbado. Pero las máquinas psíquicas sienten, en un registro inconsciente, que tan solo hay futuros inciertos después del Futuro. Todo el psiquismo proletario, sus malestares y deseos, podría ser definido en términos de afectos futurizantes ambiguos.

Futuridades, de Ezequiel Gatto, constituye un hilo conductor crucial para reprogramar los mapas teóricos y los protocolos de investigación práctica en torno a este inconsciente 4.0.

5.

El tiempo, el territorio, la economía, el lenguaje, el psiquismo es lo que está en juego.

¿Cómo experimentar un lenguaje para comprender, y combatir, las incoherencias sentidas con el realismo capitalista? ¿Un montaje, o un bricolaje entre materialismo gótico, cuentos esquizoanaliticos, metafísica aceleracionista del futuro, teoría-ficción y coyuntura política?

Las cartografías de las nuevas formas de explotación, trabajo y luchas mapeadas desde los feminismos configuran un hilo conductor central para una politización militante del inconsciente.

La extracción psíquica y las diferentes formas de apropiación de las destrezas inconscientes, exhiben una nueva operatividad del mando capitalista el cual amplifica extensiva e intensivamente las aplicaciones existenciarias usufructuables. Estos procedimientos se arrojan hacia la explotación de la mano de obra psíquica de la clase proletaria, utilizando sus empleos pasionales, rentas cognitivas y servicios imaginales provocando diversas “patologías”.

La abstracción dineraria, sus extractivismos e inflaciones, genera como su reverso sofocante la devaluación existencial de los cuerpos engarzada a la deflación del psiquismo. Como dice Josefina Rosales, el capital presupone pero no garantiza la reproducción de las máquinas psíquicas, siempre-ya-despojadas, siempre-ya-endeudadas, plus-padecientes.

Como el capital en tanto relación global, la producción inconsciente moviliza potencias trastornadas en las máquinas psíquicas que exceden sus propias detenciones identitarias o superyoicas; el trabajo inconsciente suscita riquezas fascinantes y desastrosas que tienden a encorsetarse bajo la forma mercantil del software semiótico-libidinal del psiquismo capitalizado.

Interesa pensar por desplazamientos, en el teclado, desde el cuerpo: la pregunta es cómo diseñar las fuerzas políticas necesarias para rechazar el trabajo psíquico chipeado por el capital.

Sandro Mezzadra y Verónica Gago, entre otros investigadores, vienen realizando una crítica práctica del denominado extractivismo ampliado, cartografiando los nuevos modos de desposesión, extracción de valor, endeudamiento y explotación diferencial del trabajo proletario, desde el punto de vista de luchas concretas y territorios situados en conflicto.

Junto a los extractivismos remitidos a las materias vinculares, los “recursos naturales”, las dinámicas digitales de acumulación de datos o las lógicas financieras de endeudamiento, es preciso combatir las formas contemporáneas de extractivismo psíquico en tanto régimen político al servicio de la reproducción del capital. Haciendo entonces de lo inconsciente un campo de batallas a partir de lo cual sabotear los múltiples modos de ajuste afectivo, conquista lingüística y programación pulsional a partir de la perspectiva de conflictividades concretas.

El extractivismo psíquico alude a la acción encriptada de la dominación capitalista inserta en nuestras vidas: la identificación entre la realidad y el capitalismo. Lo real capitalista en sí mismo. El pequeño número de los individuos capitalistas que personifican (en sus anhelos de propiedad) la compulsión de la acumulación buscan conseguir, por todo tipo de equipamientos de poder saturados de violencias, resistencias y conflictos, que las máquinas psíquicas precarizadas se pongan a funcionar contra sí mismas haciendo que el gran número de individuos trabajadores que personifican el trabajo inconsciente (proletariado psíquico) se movilicen para reproducir al capital en una relación de patronazgo inconsciente.

Las diversas modalidades de la deuda (pública, privada, domestica, afecto-emotiva, etc.) se entraman confeccionando un brutal y recursivo dispositivo político de psicopoder: su dinámica tautológica (contraer una deuda para afrontar otra deuda) expropia de manera desigual materiales provenientes de las expectativas, fantasías, estados de ánimo, recuerdos, malestares, futuros de las máquinas psíquicas proletarias explotadas a nivel del inconsciente.

6.

La vida social de las cosas parecería que sigue siendo más o menos la misma, no obstante las miramos, tocamos, olfateamos como si fuera la primera vez. Las texturas de los objetos, las temperaturas, ruidos y rugosidades del capital constante, han mutado. El exorcismo añorado por los formalistas rusos (“desautomatizar las percepciones”) se ha consumado por la agencia posthumana de un bicho puesto al servicio de la máquina de terror capitalista.

Las máquinas psíquicas son máquinas en el sentido estricto del término: sin metáforas.

La hegemonía material del capital, como dice Facundo Martín, se condensa en una política de los objetos. Es así que lo político se dirime en las potencias equivocas y contradictorias con que la fuerza ironista del capital se plasma en los terrenos urbanos y virtuales, en los enclaves técnicos, en los alimentos y ciber-sensibilidades, en algo más que la conciencia de clase. Cómo es posible que las máquinas proletarias deseen contra sus intereses de clase. La servidumbre involuntaria, es decir el carácter inconsciente de la sumisión capitalista, sigue siendo el problema elemental de la filosofía política, siendo a su vez el núcleo de las luchas concretas que, bajo la forma de una desobediencia voluntaria, contestan la opresión moderna.

Las máquinas sociales, recorridas por conflictos y violencias, son aquellas que ponen a funcionar las máquinas técnicas o bélicas, mediáticas o ciberfísicas, psíquicas o deseantes.

7.

Nuestro desafío consiste en desmoralizar los comunismos después del fin de este mundo.

Y volver a soñar: hay un potencial político por explorar en las alucinaciones y los delirios.

Fisher, en el texto “Deseo postcapitalista” dedicado a investigar las potencialidades emancipatorias involucradas en la producción política del deseo maquinico y abstracto que define la economía libidinal del capitalismo tardío, gráfica con precisión una provocación decisiva que es el desafío de los comunistas en lo que respecta al software pulsional de las máquinas psíquicas: ¿cómo conjugar el anhelo de Starbucks con el anhelo de socialismo?

8.

El capitalismo mundial integrado, según la concepción de Guattari, se ha encargado de colonizar los imaginarios sociales proponiendo figuras hipercomplejas y redundantes de mundos deseables donde las mercancías se realizan como objetos de anhelos y consumos. Mientras tanto, las izquierdas pareceríamos condenadas a una especie de loop defensivo, envueltas en bucles de resistencias locales sin hipótesis estratégicas de futuros alternativos.

Recuperando un archivo antifelicista, Sara Ahmed en La promesa de la felicidad reflexiona en torno a las figuras políticas de las feministas aguafiestas, los queers infelices, los inmigrantes melancólicos y los revolucionarios desilusionados (a los cuales habría que agregar, tal vez, a los comunistas alcohólicos). Esto le permite restituir las potencias que anidan en ciertos repertorios afectivos extraños: artilugios de la decepción, el fracaso, lo banal, el resentimiento o la blasfemia. Riquezas sensibles para contestar la agenda anímica de los entusiasmos aspiracionales propios de este capitalismo hecho carne. Los “personajes conceptuales” de Ahmed nos fascinan porque abren otras disposiciones antagonistas en las máquinas psíquicas, a partir de las cuales fabular con otras imágenes de vidas deseables. Vidas proletarias que nos permiten concebir un trazado de conflictividades infrapolíticas para oponerse a la distribución fascista de lo sensible, al intento de desmovilización progresista de la conflictividad social, a la desigualdad creciente, a la meritocratización sacrificial de una subjetividad neoliberal cubierta por el manto ambiguo de un muestrario difuso de «pasiones alegres» reguladas por el espectáculo algoritmizado. Tales como la creatividad a toda a costa, el yo-marca, el voluntarismo mágico, la felicidad romántica, el optimismo cruel, el familiarismo, la narcotización de la vida afectiva, la privatización atomizante de los padeceres, la personalización narcisista de la autorealización; todos ellos modos de afectar y ser afectados que procuran depurar de conflicto y violencia al cuerpo individual y colectivo.

9.

La actual pulsión negacionista de la derecha neoliberal global, con sus devenires fascistas, sexistas, racistas y clasistas, hace sistema con la gestión tambaleante del progresismo global. Unos quieren a toda costa “volver a la [vieja] normalidad”. Mientras otros bregan por concebir una “nueva normalidad”. La importancia de reactivar las condiciones para laacumulación de capital parece fuera de dudas para ambas expresiones del partido global del orden de las normalidades que sutura los antagonismos que lo desgarran. Las alucinaciones sociales parecen tender hoy en día a oscilar entre estos polos del delirio: fascista neoliberal o progredemócrata. El problema que tenemos, quienes pensamos y sentimos de este lado antagonista de la lucha de clases, es que “quien ha conseguido interrumpir la lógica de producción, de consumo, de acumulación, de crecimiento, es un bicho, no una insurrección proletaria o anarquista”, dice Amador Fernández-Savater. Y esto nos obliga a construir, aquí y ahora, estrategias políticas que recreen la conjunción entre lo político y los placeres y dolores del cuerpo albergando los poderes y saberes de diversos territorios existenciales.

Tales polos del delirio, “neoliberal” y “progredemócrata”, se enroscan en ese nido inconsciente de serpientes que somos (independientemente de nuestras pertenencias imaginarias e interpelaciones ideológicas): queriendo retornar a la vieja normalidad, anhelando una nueva normalidad, atravesando las crisis tejiendo nuevas anormalidades.

10.

Máquinas psíquicas es, en parte, una re-escritura categorial del aparato psíquico en Freud; una autocrítica de la historicidad capitalista de la metapsicología en la modernidad tardía; una investigación sobre las mutaciones postantropocéntricas del inconsciente capitalizado. Freud absolutiza el contrato psíquico del capital, deshistorizando y normativizando en uno y el mismo aparato psíquico general las multiplicidades de trabajo de las máquinas psíquicas.

Las máquinas del inconsciente constituyen una “industria psíquica”, y es por eso que son un botín de contiendas oníricas en el cual disputar riquezas sensibles, fantasiosas y cognitivas.

Las riquezas libidinales, sintientes, imaginantes y discursivas de las máquinas psíquicas aluden a los poderes, saberes, deseos, lenguajes, placeres y tecnofuerzas productivas en sentido amplio, las cuales son construidas en circunstancias complejas de interdependencia.

¿Qué saberes, imágenes de cambio, lenguajes, economías emergen desde la urgencia sentida en el cuerpo, en la vulnerabilidad, desde la fragilidad de las máquinas psíquicas que no pueden, no saben o no quieren adecuarse a las normas imperativas de cierto mundo ya ido?

¿Cómo problematizar, desde las izquierdas, los enmarañados anhelos de consumo o seguridad, sin moralizar de manera sectaria o idealistas las ambivalencias del deseo social?

Hace años que vivimos atravesando crisis heterogéneas. La exuberancia abismal del capitalismo 4.0 es el momento de sus propias ruinas, el big crunch de la modernización. El capital, cuyo sueño es desprenderse del estorbo humano del trabajo vivo, se lanza hacia la invasión de la psicoesfera proletaria dilatando la explotación. La precariedad oficia en este contexto de extrema desigualdad como una premisa existencial y económica en las máquinas psíquicas superfluas, residuales, las cuales hallan un común en la experiencia, sentida en los padeceres del cuerpo y de la mente, de no poder o no querer seguir viviendo de acuerdo a las sobre-exigencias capitalistas; no sabiendo, por ende, cómo hacerse una vida juntos que, en una sociedad invivible, valga la pena de ser vivida. En esta precariedad, o vulnerabilidad en común, reside una potencia para la politización del inconsciente.

La sensación, hecha carne, de experimentarse como objetos de un Sujeto que comanda la propia existencia de espaldas a nuestra voluntad, tiende a generar dolencias desgarradoras en las máquinas psíquicas. Estas crisis nos ponen en diversas posiciones objetivadas politizables, al ubicarnos como objetos de un agente (semiofísico, biotécnico y psicotrónico) que opera como sujeto gobernando nuestras vidas tendiendo a generar malestares desiguales.

Pensamos dentro y contra del software existencial capitalista: ¿otro fin del mundo es posible sin una subversión y cambio radical de la fantasmagoría extraterrestre de la mercancía?

11.

Una hauntología de izquierdas, política de los restos: investigar los deshechos de futuros, las marcas emotivas, las huellas transgresoras: memorias, olvidos en los espectros presentes. 

El capital, decían Deleuze y Guattari, desquicia el cuerpo social abriendo potencias liberadoras, poderes y saberes en las fuerzas sociales, pero a su vez tiende a subsumir tales territorios y conflictos en los límites de las coacciones abstractas orientadas hacia el plusvalor. La axiomática abstracta del capital desata potencialidades emancipatorias (por caso, las contradicciones inscriptas en las tecnologías, en los deseos o en el derecho) que,  no obstante, restringe a los patrones de la racionalidad instrumental del trabajo sometido a la extracción de valor, viabilizando también un enjambre de posibilidades catastróficas y neoarcaismos suscriptos en el absurdo autotelico del dinero que se desea a sí mismo. El proceso de rizomatización desregulada y disolución enloquecedora que el capital libera está limitado por el atasco de tales posibles en la maquinaria estatal, los tribalismos identitarios, la autoridad estúpida de los moralismos tradicionales, los privatismos familiaristas. Empero, la economía libidinal, semiótica y cognitiva del inconsciente capitalizado desborda las mallas de las formas sociales de mediación capitalista en inmanencia a las cuales se produce.

Las crisis en curso acentúan el derretimiento tendencial de las disyunciones antropocéntricas, construyéndose entonces lo inconsciente entre plataformas, biomoleculas, terminales tecnoemotivas, pastillas, inteligencia artificial y animal, algoritmos, cuerpos digitalizados, luchas. El capital inconsciente se condensa en los deseos algoritmizados, en la seducción estatal de los imaginarios, en la culpabilización impotentizadora de los malestares. Este capital, con sus imperativos ciberafectivos y estimulaciones infopsiquicas, provoca potencias ambiguas en lo inconsciente que tienden a rebalsarlo; heterogeniza riquezas libidinales y semióticas, pero las constriñe a la acumulación de ganancias, violentando cualquier placer o fantasía que no se adecue a como dé lugar al patrón mercantilizador que rige el sinsentido de la razón ciega del dinero.

Una economía general de izquierdas, política de los excesos: explorar los excedentes, los derroches, el gasto, las voluptuosidades, las demasías de aquellas riquezas que, emergidas en el seno del capitalismo, portan no obstante potenciales postcapitalistas en disputa.

Toda economía política es, desde un principio, economía libidinal, afectiva, semiótica.

Las máquinas psíquicas neoliberalizadas, confusas, no son el obstáculo a priori de un proyecto emancipatorio, sino su condición material de posibilidad existente aquí y ahora. Salvo que alguien crea en un origen prístino o en un destino edénico, la materia prima de la transformación radical no es otra que los cuerpos equívocos y el psiquismo capitalizado del presente. ¿Cómo dialogar afirmativamente, es decir no moralizando, con las potencias inmanentes, espantosas y fabulosas, que el capital en tanto Sujeto abstracto suscita (y tiende a obturar) en los territorios existenciales, enriqueciendo de modo ambivalente las redes técnoafectivas de consumo, disfrute, dolor e interacción de la clase que vive de su trabajo?

12.

Máquinas psíquicas es el individuo cyborg examinado por Marx en los Grundrisse.

Todavía no hemos vista nada en lo que hace a los extractivismos psíquicos que aquejan a la clase proletaria, sobrepasando ataduras neuróticas, perversiones y detenciones psicóticas. Cómo refuncionalizar la hiperaceleración inconsciente de las máquinas psíquicas, en virtud de desterritorializar los axiomas generadores de padeceres, disputando los impulsos ambivalentes (liberadores y diseminantes) que germinan en el caos inhumano del capital.

¿De qué manera contestar la fábrica global productora de impotencia, pobreza y malestar?

Si el capital social global para “resolver” sus crisis, o mejor dicho para emprender una nueva huida desesperada contra su propia desvalorización autodestructiva, precisa en lo escencial reconstruir las condiciones de la acumulación, reformular los procesos de explotación del trabajo, renovar los marcos institucionales de la apropiación de plusvalía y los costos laborales, recomponer los límites inmanentes de la tasa de ganancia “colonizando” inéditos espacios y tiempos sociales, innovar en materia tecnológica y de resortes financieros y tributarios, etc., esto supone asimismo que vaya depredando las vidas humanas y no humanas corriendo de manera cada vez más exponencial la barrera de la dominación y extracción de valor, llevando de este modo la capitalización mercantil hacia fronteras tan heterogéneas como el despojo de territorios, la invención de renovados conocimientos, la desposesión de comunidades, la conquista de la infoesfera y el espacio exterior, la violencia sobre las diferencias y el odio de las disidencias, la penetración indiscriminada de la tierra o la intervención alterada genéticamente de plantas o animales. Y esto, en el mismo movimiento en que los equipamientos del poder capitalista van subsumiendo, bajo la racionalidad instrumental del trabajo orientado hacia el plusvalor, nuevas dimensiones de la práctica social inscribiendo la mediación sensible del patrón dinerario en regiones recónditas de las máquinas psíquicas proletarias como lo son las sensaciones, los sentimientos, las fantasías, la motricidad, las percepciones, las emociones o los discursos. Ante el tendencial agotamiento de los recursos energéticos y alimenticios, como reverso del deterioro exponencial de las materias primas o fuentes productoras de riquezas fundamentales expropiadas para el beneficio burgués (los cuerpos del trabajo y la naturaleza extra-humana), el capital viene lanzándose con fuerza hacia la conquista de las máquinas psíquicas proletarias buscando allí nuevos terrenos de apropiación/comoditización. Esto supone la expansión violenta de las fronteras del capital mediante la ampliación de lo mercantilizable, en este caso: la psicoesfera del trabajo inconsciente

Las cadenas globales de valor y cuidados se ensamblan a las cadenas de trabajo psíquico. Detrás de las moradas ocultas de la producción y la reproducción, procesos inconscientes: la economía libidinal colaborativa y el freelancismo afectivo de las máquinas psíquicas.

En el capitalismo junto al trabajo doméstico, el trabajo de las cosas, el trabajo de los animales, el trabajo de los minerales, el trabajo de los suelos o el trabajo de los sueños, en tanto trabajos no remunerados, mal pagos o desvalorizados socialmente necesarios y obligatorios, hay que incluir al trabajo psíquicamente abstracto e inconsciente de las máquinas psíquicas de la clase proletaria; emplazadas en los engranajes neurálgicos de los aparatos de apropiación y comoditización que definen los diagramas de fuerzas del poder capitalista en adyacencia a los instrumentos de capitalización mercantil. El trabajo libidinal, delirante, imaginante y semiótico es la función psíquica transversal a todos los modos concretos de trabajos visibles o invisibilizados realizados por la clase trabajadora en su conjunto. No hablamos aquí del “trabajo cognitivo”, “trabajo afectivo”, “trabajo de cuidados”, sino de la fábrica global inconsciente como un tipo de trabajo psíquico que es preciso problematizar.

13.

La huelga feminista, trans, lesbiana, travesti reinventa los métodos situados de resistencia y organización internacionalista mediante una crítica práctica del capitalismo patriarcal-colonial, visibilizando asimismo las dispositivos actuales de expropiación, extracción de valor, dominio y desposesión del capital y sus estados, redefiniendo a su vez las políticas rebeldes desde el punto de vista de los territorios y cuerpos en lucha. Cómo situar estas praxis desobedientes, cortes insumisos y procesos transversales de desacato para agenciar una politización antagonista contra la explotación del trabajo inconsciente de las máquinas psíquicas precarizadas de la clase proletaria en su conjunto y complejidad diferencial.

El trabajo precario, informal, comunitario, infantil, doméstico, migrante o suburbano, como bien muestra Verónica Gago en La potencia feminista, no resultan ser meras actividades suplementarias del trabajo asalariado. Pues son constitutivas de las diferentes formas concretas del trabajo proletario, de las desigualdades en la explotación capitalista, de las diversas maneras de colonización y de las jerarquías patriarcales que configuran la heterogeneidad de la clase trabajadora. El trabajo proletario combina una multiplicidad de figuras concretas no reductibles al trabajo “libre”, asalariado y masculinizado, tales como trabajo infantil, trabajo semiesclavo, trabajo precario, trabajo de cuidados, en tanto trabajos obligatorios, desvalorizados, no reconocidos, mal pagos o invisibilizados, los cuales dan cuenta de la precarización general de la reproducción social sobre el fondo del deterior de las vidas humanas y no-humanas. Los diversos modos de cooperación, interdependencia, organización o resistencia de la clase nos hablan de una pluralidad de líneas de violencias, explotación, desposesión y organización donde podemos captar tanto la diferenciación de género, edad o raza que configuran la composición situada de la clase proletaria, como también considerar la universalidad constitutivamente antagónica de la relación de mando-control y lucha-reapropiación en torno a las relaciones de la extracción de valor.

En esa línea es posible problematizar la relación sistémica entre la acumulación de capital y las violencias patriarcales, hetero-cis, cuerdistas y coloniales que operan sobre las disidencias o desobediencias en los territorios. Las reconfiguraciones del mando del capital implican nuevos modos de gobierno y explotación no reductibles al trabajo asalariado en términos de extracción de plusvalor. Pero a su vez suponen como su doblez renovadas experiencias de organización, conflictos y dinámicas de lucha que resisten, sabotean e impugnan las violencias precarizadoras (financiera, domestica, racial, cisexista, institucional, policial, mental) que son inherentes a la relación antagónica capitalista discutida en diversos movimientos de sublevación, desacato o invención de inteligencia colectiva. Hay una conexión interna entre la explotación y la desposesión, entre la extracción de valor y el despojo, entre el endeudamiento y la privatización financierizada, entre la expansión colonialista de la relación capitalista y la violencia estatal-patriarcal sobre los territorios existenciales, entendidos todos ellos como distintos elementos de un mismo agenciamiento capitalista imbricado en el dispositivo de guerra que define la acumulación ampliada de capital actualizada, cada vez, en múltiples formas de “acumulación por desposesión”.

El extractivismo psíquico del trabajo inconsciente opera como un dispositivo sensible en la gobernabilidad capitalista. La explotación psíquica no es un mero mecanismo económico, sino un régimen político definido como trabajo psíquico obligatorio empleado por el capital sin compensación. El capital organiza sistemas metaestables de psiquismo integrados. Funciona desigualmente sobre cuerpos y territorios extrayendo bienes eróticos y mercancías libidinosas, al tiempo que emplea a las economías imaginarias y afectivas que se ensamblan a la explotación diferencial del psiquismo social proletario. Pasando o no por la inclusión estatal vía consumo, o por la integración al mercado mediante la prestación de ingresos, o por la relacional salarial como mediación patronal y contractual de la explotación visible del trabajo, los futuros de las psicomáquinas son hipotecados por el cuerpo abstracto del dinero a través de deudas afectivas, drenaje libidinal, créditos emotivos anclados en el marco legal-ilegal de la violencia patriarcal-colonial del capitalismo estructurado como orden político institucional gracias a la seducción estatalizante de los imaginarios sociales.

14.

La muerte no es una posibilidad extrínseca del capital, sino una función inmanente. La pulsión de muerte del capital tiende a operar más o menos de este modo: había una vez unas subjetividades horribles, las cuales personifican las compulsiones indiferentes de goce del capital respecto de las cualidades concretas de la existencia con tal de aumentar la ganancia burguesa, que están obligadas de forma estructural a realizar el automatismo de repetición capitalista sin miramientos por la reproducción de las vidas, los padeceres y la destrucción de las ecologías sociales, mentales o ambientales. Esto lo describe de manera precisa Martín Jouer: «nuestras sociedades estatales y capitalistas funcionan (están organizadas) así: un día, a algún genio de la política, de las finanzas y la contabilidad, se le ocurre que es más barato (permite más margen de ganancia) meter, en medio de una población, un depósito (o una planta de producción) de explosivos, de materiales radioactivos, de basura, de químicos tóxicos, de pirotecnia, de energía nuclear/atómica, biohazard, etcéteras. Y un día explota todo por el aire (muerte para todxs), o se dispersan tóxicos por doquier (cáncer/virus para todxs). Si no te morís, te quedás sin nada ni nadie. A lo sumo, se dirá que es culpa de ciertos empresarios inescrupulosos, evasores, etc. Tampoco el Estado, en sí mismo (como forma de organización social), tiene nada que ver. A lo sumo, se dirá que hay funcionarios públicos o partidos gobernantes inescrupulosos y corruptos, insensibles y mañosos, etc. La organización, la disposición territorial y espacial (geográfica y urbanística) de nuestras ciudades y comunidades está directamente relacionada con el diagrama de relaciones de poder existente. Toda sociedad estatal y capitalista está irremediablemente condenada (por la dinámica interna de su metabolismo de producción, reproducción, circulación/distribución, y consumo) a engendrar en su propio seno las condiciones que dan existencia (realidad) a todas las llamadas “tragedias” y “accidentes”. Y eso no se puede «reformar», ni hay «pacto social» que pueda solucionar nada. Es todo verso».

15.

El big crunch del capitalismo no es un evento por venir, sino un complejo proceso en curso.

El big bang de la modernidad capitalista resultó ser correlativo, históricamente hablando, a una “inversión originaria” mediante la cual la interdependencia cooperativa de las máquinas psíquicas proletarizadas resultó subsumida bajo la dominancia instituida de las formas abstractas de las relaciones capitalistas. Esto supone un ejercicio violento de desposesión y separación de los agentes sociales respecto de los medios de producción libidinal, discursiva, imaginaria y tecnoafectivo. Tales violencias se actualizan cada vez de forma diferencial, explotando de modo desigual los cuerpos y los territorios concretos. La propiedad privada burguesa no se resume a los medios de circulación, consumo y producción de mercancías “económicas”, puesto que se extiende a la propiedad privada y pública sobre los medios de producción de deseos, fantasías, sensaciones, malestares, sueños, discursos, imágenes de vida. El objetivo de las tecnologías políticas de dirección de las máquinas psíquicas consiste, como muestra Lordon en Capitalismo, deseo y servidumbre, en alinear y enrolar el deseo proletario sobre el metaobjeto de deseo de los capitalistas (el dinero), “colonizando” los sensores imaginantes y afectivos del psiquismo precarizado.

El extractivismo psíquico expresa la consumación del sistema del juicio del Capital. La velocidad absoluta de la ultratemporalidad del valor en el hiperespacio abstracto del dinero. El mando impersonal del capital, ese gran autómata que tiende a autonomizarse cada vez más de las voluntades concretas de los actores particulares y las deliberaciones democráticas de los agentes colectivos, consiste en hacer que las máquinas psíquicas de la clase trabajadora se conviertan en automóviles libidinales y parlantes al servicio de la gubernamentalidad capitalista, actuando sobre las aplicaciones existenciarias en las cuales se descargan y debaten los conflictos históricos, sea en la corroboración sensible o en la contestación emocional de las mediaciones financieras, algorítmicas o estatales del valor.

¿Dónde se están elaborando hoy, aquí y ahora, nuevas vibraciones semióticas y resonancias sensibles? O mejor dicho: ¿cómo reapropiarse y refuncionalizar las economías libidinales y las riquezas imaginales creadas en inmanencia a la economía política del capital 4.0?  

La producción deseante, imaginante y semiótica no es otra cosa que la dinámica inconsciente de la producción social y técnica. El deseo abstracto y el trabajo abstracto son piezas de la misma maquinaria social anónima. El capital mete la productividad del trabajo en el deseo y la deseabilidad en el trabajo. La infraeconomía de las máquinas psíquicas se motoriza a puro gasto abstracto de energía libidinal (deseo sans phrase), en un mero consumo de trabajo semiótico, sensible y cognitivo a secas, carburando sin otro límite concreto que aquello que pueda o no pueda un cuerpo dañado. Y es en este marco que nos preguntamos una vez más: ¿cómo hacerle una huelga al trabajo psíquico?, ¿cómo se organiza un “paro general” a la explotación del trabajo inconsciente de las máquinas psíquicas precarizadas?

16.

Alucinaciones postcapitalistas o extinción capitalista.

Fascinaciones es una zona para explorar una especulación situada afectada por fuerzas mágicas y aterrantes desatadas por el aceleracionismo del capital. Una investigación sobre lo desconocido de nosotros mismos. Una especie de ficción teórica donde los materiales oníricos, las aplicaciones semioafectivas o las programaciones del software libidinal de las máquinas psíquicas precarizadas de la clase trabajadora puedan cobijar rigurosos delirios: comunismo entre cosas, humanos, animales, robots, algoritmos, espectros, aberrancias.

Necesitamos una hipótesis postleninista de transformación del inconsciente de clase. Las máquinas psíquicas constituyen talleres de experimentación. Lo inconsciente es el laboratorio de una lucha generalizada: una plataforma para la imaginación antagonista.