Los cambiados

Marcelo Acevedo y Juanma Dinosaur crearon Pastillas Rojas en una dinámica que quiere poner en relación texto e ilustraciones. Se trata de pequeñas historias sobre los mundos extraños pero hermosos de escritores, filósofos, músicos, psiconautas, magos, alquimistas y ocultistas.

Esta segunda Pastilla Roja, trata sobre el mito de los changeling o cambiados, personas que nos son familiares y se vuelven extrañas porque han sido reemplazadas por una entidad siniestra. Un recorrido por distintas películas, novelas y relatos que retoman esta lógica.


// Por Marcelo Acevedo – Ilustración de Juanma Dinosaur

¿Alguna vez sentiste que algún familiar o amigo había cambiado tanto que parecía otra persona? Un mito del folklore europeo sobre los Changeling o Cambiados dice que existen hadas y elfos que secuestran niños pequeños y en su lugar dejan a sus primogénitos enfermos o deformes. La manera de recuperar al niño original es torturando al Changeling, creencia que fue la responsable de numerosos casos reales de de violencia y abuso infantil.

Este mito perduró, y con el paso del tiempo mutó hasta incluir historias de adultos que después de perderse regresan a sus hogares sustituidos por entidades malignas o doppelgängers siniestros. Incluso hay crónicas reales que datan de 1895, como el caso de Michael Cleary en Irlanda, quien prendió fuego a su esposa Bridget porque afirmaba que esta había sido cambiada por las hadas. El femicida aseguraba haber matada a un “Changeling” y no a su esposa. 

La historia de los Cambiados fue adaptada a la literatura y al cine en varias oportunidades. La terrorífica película austríaca «Goodnitgh Mommy» (2014) de Severin Fiala y Veronika Franz, la novela «The Hidden People» (2016) de Alison Littlewood -basada en el caso de Michael y Bridget Cleary-, o «Us» (2019) de Jordan Peele -con un enfoque más orientado hacia la crítica social y el humor negro-, son algunos claros ejemplos de la modernización de este mito.

Pero hay dos obras literarias argentinas que nos interesan particularmente porque se apropian del mito de los Cambiados y le dan una perspectiva original: En la novela «Distancia de Rescate» (2014) de Samantha Schweblin, un niño llamado David es sometido a una curación ritual luego de beber agua de un arroyo contaminado. David logra salvarse, pero su madre está convencida de que el niño que salió de la casa de la curandera no es su hijo; hay otro espíritu que habita su cuerpo.

«La canción que cantábamos todos los días», un cuento del cordobés Luciano Lamberti que forma parte de su libro «El Loro que podía ver el futuro» (2013), cuenta la historia de un adolescente que se interna en “el bosquecito” -un monte lleno de barro, escombros, perros muertos y ratas gigantes- ubicado detrás de los asadores en un parador al borde la ruta 9; pero cuando regresa del monte su familia cree que algo lo reemplazó, y ahora un ente extraño ocupa su cuerpo.

“Hace muchos años desapareció en el bosquecito y nunca volvió. Quiero decir: volvió, pero ya no era él. No es que estuviera distinto o cambiado. Era otro, directamente”, cuenta el narrador de «La canción que cantábamos todos los días», mientras la madre sueña que su verdadero hijo está en un pozo muy profundo del cual no puede escapar. “Estaba flaco, se le notaban las costillas. Gritaba y gritaba”.

La extrañeza y el estremecimiento que le produce a la madre de David ver a su hijo salir con la mirada extraviada y el andar cansino de la oscura habitación donde se llevó a cabo el ritual, es similar a lo que siente el hermano del cambiado en el bosquecito: “Mi hermano tardó en reaccionar. Cuando lo hizo, movió la mano en un gesto que no era para nada suyo. Entonces sospeché que algo andaba mal, algo difícil de definir.”

El director Lee Cronin –irlandés, por supuesto- en su ópera prima «The hole in the ground» (2019) recurre al mito de los Cambiados para contar la historia de un niño que se pierde en el bosque y descubre un pozo en la tierra. Cuando su madre lo encuentra comienza a notar cambios y teme que su verdadero hijo haya quedado atrapado en el pozo –como el adolescente de «La canción que cantábamos todos los días»- y que quien lo reemplaza es en realidad una entidad maligna: un changeling.

Todas estas historias transcurren en entornos naturales, parajes rurales, y los Cambiados casi siempre son niños. «La canción que cantábamos todos los días» se modificó a partir de esta pandemia, pero algún día volveremos a salir a pasear con los chicos al aire libre. Así que mucho cuidado en los  bosques, los montes y los descampados. Mantengamos siempre la distancia de rescate y estemos atentos a los cambios.    


“Me pregunto si podría ocurrirme lo mismo que a Carla. Yo siempre pienso en el peor de los casos.  Ahora mismo estoy calculando cuánto tardaría en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la pileta y se tirara. Lo llamo “distancia de rescate”, así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería.” «Distancia de rescate», Samanta Schweblin.,

«Cada familia tiene su canción, la canción que canta todos los días. Una canción hecha de pequeños gestos que les permite vivir juntos, dejar pasar el tiempo, no pensar. Mientras se canta esa canción, el fuego arderá en alguna parte. Y si la canción se calla, la familia explota como una gran bomba y sus miembros son esparcidos como esquirlas en cualquier dirección. Por eso cantamos todos los días lo mismo: para permanecer juntos. Para que el fuego siga encendido.» «La canción que cantábamos todos los días», Luciano Lamberti.

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