Los nuevos apócrifos, de John Sladek (parte 1.3)

En esta tercera parte de Los Nuevos ApócrifosJohn Sladek analiza la locura del Experimento Filadelfia (un enigma popular conocido como “Proyecto Invisibilidad” o “las Cartas de Allende”), los tropiezos ufológicos del falso lama Lobsang Rampa y la hipótesis de los astronautas ancestrales, cuando Erich von Däniken aún no había sido declarado autor fetiche de esta corriente. El texto fue publicado en entregas en la revista argentina de ciencia ficción El Péndulo entre 1981 y 1982. Hace dos semanas que, en colaboración con el blog Factor 302.4, comenzamos a republicar este material imperdible, con la intención de completar el libro en 24 entregas.

Autor: John Sladek. Traducción: Carlos Gardini. Dibujos: Alfredo Grondona White. Transcripción: Julián Catino

4: Reflexiones sobre un dios astronauta

CHAPUCEROS DEL ESPACIO
La producción de revelaciones sobre ovnis no ha declinado desde la publicación deI informe Condon, ni ha mejorado su calidad. En todo caso los ufólogos se han vuelto más estridentes y menos rigurosos. Ahora más que nunca se esfuerzan por arrojar luz, no sobre el tema, sino a los ojos del público para encandilarlo.

Estamos sugiriendo que habría sido imposible que ciertos científicos (alquimistas) intelectualmente dotados hayan dominado la transmisión radial, el vuelo con máquinas más pesadas que el aire, y muchos otros hallazgos la época en que Colón descubrió América. (1)

Así escriben Brad Steiger y Joan Whritenour, quienes también echan mano de Wilhelm Reich, los deros de Shaver, los monstruos marinos y los yetis en su libro sobre platillos, cuya leyenda central se relaciona con las “Cartas de Allende”. Dos cartas de un tal “Carl Allen”, alias “Carlos Miguel Allende“, al difunto Morris K. Jessup, un ufólogo, describen un experimento realizado por la Marina de EE.UU. en 1943, o eso dicen.

Utilizando la teoría del campo unificado de Einstein, la Marina hizo invisible un destructor en alta mar. Luego trasladó un buque de su puerto a Filadelfia a otro de Virginia, ida y vuelta, en pocos minutos. Se dijo que la experiencia enloqueció a algunos tripulantes, y algunos sufrieron otros molestos efectos posteriores, como solidificación por congelamiento o invisibilidad repentina.

Las cartas de Allende se relacionan con un ejemplar del libro de Jessup, El caso de los ovnis, 1955, despachado a la Oficina de Investigación Naval. El libro estaba anotado con tinta de tres colores, evidentemente por tres personas. La Oficina se lo mostró a Jessup, y circularon fotocopias entre otros ufólogos interesados.

Previsiblemente, uno de ellos sugirió que los anotadores eran extraterrestres que vivían secretamente entre los hombres. Nació una leyenda nueva y absolutamente infundada.

Los tres anotadores, conocidos como el señor A, el señor B y “Jemi”, intercambian comentarios constantes sobre las especulaciones del libro de Jessup. Suelen divertirse a costa de la ignorancia de los meros terráqueos:

Jemi (hablando de las desapariciones misteriosas): ¡Je! Si tan sólo supiera la causa, el shock lo mataría. (2)
El señor A (hablando de la negativa del hombre a admitir su inferioridad): Bah, nunca lo admitirá. ¡Orgullo! (3)
El señor B (hablando del congelamiento acelerado). ¡Je! Si tan sólo lo supiera por experiencia, cerraría el pico y no volvería a escribir ni hablar sobre el asunto en toda su vida. No podría hablar del asunto, pues como verás, Jemi, la experiencia paraliza la percepción temporal y anula la cognición, el funcionamiento mental, y la memoria. (4)

Aparentemente los tres extraterrestres han leído las mismas historietas espaciales. No solo insisten en soltar interjecciones al estilo del Dr. Sylvanus, sino que su ciencia extraterrestre pide muchas cosas prestadas a la ciencia ficción de otros tiempos. La “telepatía”, los “campos de fuerza”, las “naves exploradoras”, las “naves madre”, la antigravedad, las granjas hidropónicas y la exploración submarina son fáciles de identificar (sólo se omiten los rayos de la muerte, las máquinas del tiempo y los robots), y están combinadas con alusiones oscuras a Charles Fort, lenguas gitanas secretas, Lemuria y, desde luego, los célebres experimentos de la Marina.

Al mismo tiempo, la ciencia convencional es cosa de otro mundo para estos extraterrestres. El señor B argumenta que una cruz de metal más bien sencilla hallada en Georgia, que él denomina “atrusca-lemuriana”, no podría haber sido fabricada por gente primitiva porque se habría requerido un instrumental moderno y sofisticado (podría aplicarse un argumento similar a los arquitectos de los tepees). Jemi piensa que “quijotesco” es sinónimo de “paradójico”, y el señor B usa “telecontrol” cuando obviamente quiere decir “control”. Muchos científicos terrícolas e inferiores pueden asombrarse ante la palabra “vórtice”, aunque algunos quizá tengan luces suficientes para entender “una red magnética […] con un ‘ neutralizador instantáneo’ de reversa incorporado” y cosas similares. Steiger y Whritenour alegan que

o bien el libro fue anotado por tres individuos que decidieron pergeñar uno de los fraudes más elaborados y descabellados de la historia.[…] o bien las anotaciones pertenecen a individuos que son miembros de una civilización terrestre más antigua con pleno conocimiento del origen de los ovnis y una biblioteca mental de hechos notables. (5)

Pero la evidencia interna sugiere un fraude (o ilusión) propagado por una sola persona, probablemente “Carlos Miguel Allende”, y no tres alienígenas sentados a una mesa con tres lapiceras para debatir acaloradamente las especulaciones de Jessup.

Sin embargo, es conveniente para gente como Steiger y Whritenour ignorar la incongruencia de las anotaciones, y fingir que la Marina de los EE.UU. estaba vitalmente interesada en las cartas de Allende. Todo encaja con la teoría de estos ufólogos según la cual los gitanos vinieron del espacio.

LA NOVENA DIMENSIÓN
T. Lobsang Rampa, que posa de místico oriental con tez de occidental, tiene otra respuesta:

hay ciertos objetos voladores desconocidos […] que en verdad vienen a esta Tierra del mundo de la antimateria. No pueden acercarse demasiado porque estallarían, pero están explorando tal como nosotros mandamos un cohete a la Luna [… ] Algunas personas alegan que si en la cuestión de los platillos hubiera algo los tripulantes establecerían contacto con gentes de esta Tierra. La verdad del asunto es que no pueden, porque si descienden se produce una explosión y no hay más platillo. (6)

La antimateria es una favorita de la ciencia ficción, y también una hipótesis popular entre los físicos desde el descubrimiento del positrón, o electrón con carga positiva. La idea es que todas las partículas subatómicas de la materia ordinaria tienen contrapartidas exactamente iguales pero con cargas eléctricas opuestas en alguna parte del universo. En tal caso, dichas antipartículas podrían unirse para formar antimateria. Es muy imaginable que otras galaxias del universo estén compuestas de antimateria. Y como la materia y la antimateria se aniquilarían mutuamente al entrar en contacto, es lógico deducir que una nave de esas galaxias no podría aterrizar en la Tierra.

Rampa comete un error ingenuo, sin embargo, al citar relatos de ovnis que desaparecen repentinamente de las pantallas de radar como evidencia de que están fabricados con antimateria. Pues los ovnis han estado surcando nuestra atmósfera a gran velocidad durante largos períodos, una imposibilidad para las naves de antimateria. Naves semejantes estallarían inmediatamente en contacto con nuestro aire, y las explosiones tendrían la proporción de un estallido nuclear. Esto no pasaría inadvertido, ni siquiera en una pantalla de radar. Como no se han detectado esas explosiones espectaculares, la hipótesis de Rampa queda refutada. Además, cuesta imaginar una inteligencia extraterrestre tan obtusa como para seguir mandando naves hacia una segura destrucción durante veinticinco años consecutivos.

Los antecedentes de Rampa pueden explicar su falta de actitud científica. Afirma que es un inglés cuyo cuerpo fue usurpado por un lama tibetano. Además de El tercer ojo y otros nueve libros que forman una inmensa exhortación al misticismo, las empresas de Rampa venden “piedras de toque” y discos de meditación con la voz del maestro. Aparentemente el mensaje clave consiste en que la meditación es fenomenal. Ese mensaje es irradiado entre retazos de filosofía oriental y occidental, amenizados con las aventuras imaginarías de Rampa en Tibet y anécdotas caseras. Sus libros guardan una turbadora semejanza con esas enérgicas historias de Noman Vincent Peale (por ejemplo, fe en Dios ayuda a ejecutivo a sortear obstáculos comerciales; viajante desesperado hasta que casualmente descubre un pasaje de su Biblia de Gedeón, excepto que las parábolas de Rampa con frecuencia muestran ese gusto zen por la sinrazón.

Las ideas científicas de Rampa parecen extraídas de las fuentes de Allende. Cree que los chinos tomaron el Tibet porque los Himalayas, siendo más altos, son los mejores lugares para lanzar cohetes (llegarán más lejos antes de chocar contra el suelo). (7)

Piensa que los Himalayas mismos son volcanes extinguidos. (8) Se vale con frecuencia de argumentos relacionados con la antimateria, los universos paralelos, la novena dimensión, la telepatía, la teleportación, la reencarnación, y la bola de cristal. ¿Viajes ultralumínicos? No hay problema:

Cuando las personas viajen a más velocidad que la luz podrán verse entre sí y ver lo que hay allá adelante. La única diferencia es que las cosas que ven serán de otro color… (9)

Bien, hay otra diferencia, Einstein aparte. Cualquier cosa a menos de 100.000 kilómetros adelante sería invisible, pues pasaría de largo más veloz que un pestañeo. Aun si no fuera así (y de nuevo, Einstein aparte) el viaje de un punto a otro de la superficie de la Tierra implicaría aceleraciones de no menos de 1400 millones g, dando al viajero un peso de no menos de 80 millones de toneladas.
Como otros charlatanes, Rampa parece mantener una relación ambigua con la ciencia. Por una parte le reprocha su miopía:

Einstein y gente como Einstein dijeron que el mundo era plano; Einstein y gente como Einstein dijeron que el hombre nunca viajaría más rápido que el sonido. (10)

Por otra parte defiende la historia del buque desaparecido de Allende, un truco presuntamente basado en la teoría de campo unificado de Einstein. Si quieren ríanse de Allende, dice Rampa, también se rieron del láser. (11)

Es curioso, pero siempre pensé que era la ciencia ortodoxa la que había tomado el láser en serio. Una cita final antes de dejar a Rampa sumido en sus lucrativas meditaciones:

Nunca deja de asombrarme que la gente pueda creer sin pestañear que el corazón puede bombear diez toneladas de sangre por hora, o que hay casi 100.000 kilómetros de tubería capilar en el cuerpo, y que algo tan simple como los mundos paralelos le haga enarcar las cejas incrédulamente. (12)

BRINCANDO EN EL ESPACIO CON EL CAPITÁN DIOS
Los ufólogos han proliferado tanto que en la práctica han agotado sus mejores datos. En un santiamén crean nuevas apariciones, las digieren, tabulan y utilizan para respaldar las teorías en boga. Con el fin de encontrar material nuevo, los ufólogos han tenido que pacer en campos más improbables.

Algunos eligieron tierras distantes. Como era de esperar, hubo brotes repentinos de apariciones en Sudamérica,* y un misionero de Nueva Guinea logró convertir a su rebaño al culto de los ovnis.

Otros han investigado la difusa historia reciente. John A. Keel, un ex reportero, ha examinado viejos archivos periodísticos rastreando apariciones de ovnis en California en 1896, mientras que la revista Fate presentó recientemente “El pepino volador de 1903”. (13)

La Flying Saucer Review incluye artículos como “La oleada de aeronaves de 1909” y uno de John A. Keel titulado “Aeroplanos misteriosos de los años 30”. (14) Una ventaja obvia de ese material es que nadie puede objetarle la precisión. La prensa quizá era tan aficionada como ahora a los rumores, y los rumores vetustos nunca pueden verificarse.

Sin embargo, Keel lamenta la falta de material utilizable, pues en un artículo sobre la crisis de los ovnis dice:

También debemos tener en cuenta los aparentes engaños, distracciones y “camelos” que parecen cuidadosamente diseñados por algún grupo desconocido para desorientarnos y mantenernos confundidos. Los ufólogos tienen que estudiar guerra psicológica y métodos de investigación policial para poder enfrentar esos engaños y reconocerlos por lo que son. Existen muchísimas evidencias de que “ellos” no quieren que sepamos demasiado sobre su naturaleza y origen. (15)

En otras palabras, si escasean los datos, es porque alguien los retacea. La paranoia sin tapujos de semejante declaración no necesita tomarse como insinuación de que los ufólogos suelen ser paranoides, pero sí parece relacionada con los temores anormales que los ovnis han encarnado desde el principio. El análisis estadístico presenta un tercer campo para la investigación ufológica. John Keel, Jacques Vallée, Aimé Michel, Damon Knight y otros lo han aprovechado. Las apariciones se han clasificado por zona, fecha, edad y sexo del observador, día de la semana, color, proximidad, etc. También se han relacionado con las posiciones de los planetas, la actividad solar, los ciclos de la Luna y otros astros. Ninguno de esos sistemas hasta ahora ha permitido entrever el origen de los ovnis, por razones que veremos más adelante.

Un cuarto grupo de ufólogos, siguiendo la senda de Velikovsky, ha empezado a escarbar en la mitología. El más exitoso entre estos es Erich von Däniken, cuyo primer libro (16) serializado en el Sunday Mirror de Londres como “¿Era Dios un astronauta?” es una especie de compendio de supercherías. Casi todas las teorías dudosas del siglo diecinueve se esgrimen para demostrar que en algún momento del oscuro y turbio pasado la Tierra fue visitada por hombres del espacio. La lista de von Däniken incluye clásicos como la antimateria, el Arca de Noé, Edgar Cayce, la Isla de Pascua, Ezequiel, etc. (Los expertos en chifladuras extrañarán la Atlántida, la Cábala y Teilhard de Chardin, pero están incluidas en su segundo libro)

Este ufólogo no solo insiste en que los extraterrestres visitaron la Tierra en tiempos prehistóricos, sino en que tenían aspecto de hombres, se portaban como hombres, y usaban aparatos del siglo veinte para deslumbrar a los nativos. Planearon el Diluvio como parte de un gran proyecto eugenético, engrendraron a Noé con una terrestre, y se llevaron a Elías a las nubes. Fueron adorados por los egipcios, chinos, hebreos, mayas y otros, y les dejaron souvenirs: pirámides, lenguas escritas y artefactos modernos.

Volveremos a la arqueología de von Däniken más adelante, pero esto nos introducirá a sus métodos de exégesis bíblica:

Moisés refiere las instrucciones exactas que “Dios” le impartió para la construcción del Arca de la Alianza. Las indicaciones precisan hasta la última pulgada cómo y dónde deben colocarse las duelas y argollas y de qué aleación deben hacerse los metales. (17)

Alguien que no sabe diferenciar entre pulgadas y cúbitos o piensa que los metales se hacen con aleaciones no debería animarse a interpretar el Éxodo como un manual de radio, pero eso es exactamente lo que se propone von Däniken. El Arca era nada menos que un receptor de radio diseñado para recoger mensajes de Dios emitidos desde el platillo. Von Däniken fundamenta esto con la muerte de Uza (II, Samuel 6), quien puso la mano en el Arca para impedir que se le cayera encima y murió instantáneamente por este reflejo de poca fe. El réquiem de von Däniken:

¡Sin duda el Arca tenía una carga eléctrica! Si la construimos de acuerdo con las instrucciones legadas por Moisés, se produce un voltaje de varios cientos de voltios. (18)

Tiene que haber cierto margen para la duda. El Arca era simplemente una caja de madera dorada, muy parecida a los objetos sagrados de los egipcios de la época (las vísceras de Tutankamón estaban guardadas en una caja similar). Es improbable que tuviera carga eléctrica, pero aun así habría electrocutado a quienes la alzaban asiendo los tirantes de madera dorada que atravesaban las argollas de oro. Si Uza fue “indudablemente” electrocutado, el Edén fue indudablemente custodiado por un ángel con soldador tras la expulsión de Adán y Eva. ¿Y por qué no explicaciones tecnológicas para cada episodio bíblico?

La ballena de Jonás = Un submarino
Los tres en el horno = Trajes de amianto
Columna de fuego = Un farol de la calle
Panes y pescados = Alimentos congelados
Curas de sordos = Prótesis auditivas
Resurrección de Lázaro = Masajes cardíacos
Visión de Ezequiel = Un comercial televisivo.* *

Von Däniken se ensaña del mismo modo con los mitos árabes, quitando el lustre a todos los cuentos brillantes:

¿De dónde obtuvieron los narradores de Las mil y una noches ese apabullante caudal de ideas? ¿Cómo llegó alguien a describir una lámpara de la que hablaba un mago cuando el propietario lo deseaba? (19)

De modo que la lámpara maravillosa de Aladino no era más que una radio. Noten cómo von Däniken convierte a un genio con fantásticos poderes para mover montañas en la voz de un mago: después de idiotizar el cuento original, se pregunta cómo llegó a ser tan interesante. Se niega a adjudicar a los árabes alguna creatividad, y perora sobre la “imaginación primitiva” de los mayas.

Obviamente los escritores y pintores del pasado no pueden inventar, solo consignar, y el trabajo de veras creativo tienen que hacerlo los escritorzuelos europeos del siglo XX.

La astronomía de von Däniken es tan fraudulenta como su historia. Se limita a enumerar estadísticas favorables (hay algunos planetas con probabilidades de vida en nuestra galaxia) e ignora las desfavorables (nuestra galaxia es muy grande). También trata de dar la impresión de que en nuestra galaxia pululan las civilizaciones avanzadas y es casi seguro que una de ellas nos visitó en el pasado de la humanidad, una impresión fue muy probablemente es falsa.

Nuestra galaxia, la Vía Láctea, contiene 100 mil millones de estrellas. Unos 50 millones quizá tengan planetas con vida inteligente. El problema reside en que la Vía Láctea es enorme. La luz tarda 80 mil años en atravesarla. Para que una nave estelar encontrara un planeta con vida, tendría que explorar los planetas de cuando menos 100 mil estrellas. Desplazándose a la velocidad de la luz, la nave estelar tardaría probablemente unos 400 mil años, sin escalas. Como dice el doctor Condon:

Para tener cierta perspectiva de la significación de las distancias en los asuntos humanos, podemos observar que la noticia de la vida de Cristo en la Tierra aún no habría llegado a un décimo de la distancia entre la Tierra y el centro de nuestra galaxia. (20)

Supongamos que seres civilizados del centro de nuestra galaxia inventaran un potente telescopio que los capacitara para ver la vida en la Tierra. Si miraran hoy, sólo verían lanudos mamuts trotando en las nieves de la última edad glacial. Supongamos que esas criaturas parten de inmediato hacia mamutlandia. No llegarán antes del año 28.000 d.C., y hasta el 54.000 d.C. no volverán a casa con la noticia de que los mamuts se han extinguido.

Von Däniken y sus colegas, Peter Kolosimo y Andrew Thomas, son tan proclives a pasar por alto esos detalles como a citarse mutuamente. La tendencia general entre los pseudocientíficos parece consistir en canibalizar recíprocamente sus libros sin rastrear jamás el origen de la información. En el Informe Condon, Samuel Rosenberg menciona

una historia verídica de ovnis que recibió crédito y atención en libros de Vallée, Creen, Trench, Desmond y Adamski, Jessup y Thomas. Se trata de la presunta “observación realizada en 1.290 en Byland Abbey, Yorkshire, de un gran disco plateado que volaba lentamente, un episodio clásico que figura en varios libros” (Vallée, 1965). (21)

Cita la transcripción de ese incidente memorable, presentada por Desmond Leslie y George Adamski en latín, y en una traducción de “A. X. Chumley”:

Mas cuando Enrique el abad estaba por agradecer al Señor, Juan, uno de los hermanos, entró y dijo que habla un gran portento afuera. Luego todos salieron y un objeto plateado grande y redondo voló lentamente encima de ellos, y les causó gran terror. (22)

Rosenberg, al contrario de los ufólogos que menciona, se cercioró de la existencia del manuscrito, que presuntamente se había encontrado en Ampleforth Abbey en 1953. Descubrió que era un engaño perpetrado por dos estudiantes en una carta al Times de Londres. Al menos un ufólogo sospechó un fraude en 1965, pero, aun después de Condon, el caso es citado en los textos ufológicos. Helo aquí en el libro de Peter Kolosimo, publicado en 1969:

Y también en Inglaterra, en Byland Abbey, Yorkshire, tenemos el “gran portento” acaecido el 20 de octubre de 1290, cuando “se vio un objeto plateado y circular que volaba lentamente”. (23)

Sin embargo, es mejor conservar lo que los ufólogos, con un típico eufemismo, denominan “mente abierta”. A fin de cuentas, esos estudiantes podrían ser marcianos astutamente disfrazados que se afanan en oscurecer los datos vitales y desacreditar las vitales investigaciones de la ufología.

¡Je! Si los científicos terrícolas supieran…

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Parte 1.1 Parte 1.2

Fuente: “Los Nuevos Apócrifos” (R) John Sladek. En El Péndulo Nro 3. Segunda Época. Septiembre 1981.  pp. 73-96. Se puede acceder a la versión original en PDF en este link de Ahira.

* Como las modas en la música pop o las vestimentas, los OVNIS atraviesan las barreras culturales con cierta lentitud. Primero se difundieron de los EE.UU. a Canadá, Gran Bretaña y Australia, más tarde al resto de Europa, y mucho más tarde a Sudamérica y otras regiones lejanas.
** Las sugerencias son mías. Pero von Däniken dice que el ave roc de Simbad es un helicóptero, y el Sésamo de Alí Babá la puerta de un supermercado.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
Capitulo 4: Reflexiones sobre un dios astronauta
1 Steiger y Whritenour, p. 144.
2 Ibid., p. 63.
3 Ibid., p. 64.
4 Ibid., pp. 64-5.
5 Ibid., p. 61.
6 Lobsang Rampa, Chapters of Life (Londres, Transworld Publishers), p. 222.
7 Lobsang Rampa, The Rampa Story, (Londres, Transworld Publishers), p. 222.
8 Ibid., p. 10.
9 Rampa, Chapters, p. 54.
10 Ibid., p. 221.
11 Ibid., p. 77.
12 Ibid., p. 41.
13 Madge Brosius Allyn, “The Flying Cucumber of 1903”, Fate 201, julio 1971, pp. 19-21.
14 John A. Keel, “Mystery Airplanes of the 1930s”, Flying Saucer Review, máyo-junio 1970; Cari Grove, “The Airship Wave of 1909”, Flying Saucer Review, nov.-dic. 1970 y enero-feb. 1971.)
15 John A. Keel. “The ‘Flap’ Phenomenon in the U.S.A.”, Flying Saucer Review Special Issue No. 2, junio 1969, p. 26.
16 Erich von Däniken, “Chariots of the Cods?” (Londres, Souvenir Press, 1969); fue .seguido por su “Return to the Stars” (Londres, Souvenir Press, 1970), siempre en la misma tónica.
17 Von Däniken, Chariots, p. 56.
18 Ibid., p. 57.
19 Ibid., p. 84.
20 Condon Report, p. 27.
21 Ibid., p. 493.
22 Ibid., p. 493.
23 Peter Kolosimo, “Not of this World” (Londres, Sphere, 1971), p. 240.

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