Los nuevos apócrifos, de John Sladek (parte 2.2)

La piramidología con todas sus insustentables elucubraciones matemáticas, los misterios de la Isla de Pascua, el destino de las tribus perdidas de Israel, los antiguos astronautas de von Däniken y los mitos sobre Stonehenge son el eje de esta nueva entrega del visionario libro de John Sladek, Los Nuevos Apócrifos. Guía de ciencias extrañas y creencias ocultistas, que comenzamos a reeditar hace algunas semanas e iremos completando a lo largo de 24 entregas. Existen análisis posteriores más completos, pero el ensayo de Sladek –por la información, el estilo sarcástico pero ameno y el desarrollo argumentativo– fue crucial para toda una generación interesada en la ciencia y la literatura que se acercó por primera vez a este texto en las páginas de la maravillosa revista argentina de ciencia ficción El Péndulo.

Traducción: Carlos Gardini. Dibujos: Alfredo Grondona White. Transcripción: Pedro Perucca

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6: Revelando los secretos de los antiguos

¿Imposible? ¿Ridículo? Casi siempre son aquellas personas que se sienten sujetas absolutamente por leyes de la naturaleza quienes oponen las objeciones más estúpidas. (1)

Es decir, objeciones a la teoría de Erich von Däniken sobre la Gran Pirámide: de que era una cámara de congelación donde los muertos egipcios eran conservados hasta que el astronauta Ra pudiera regresar a revivirlos. ¿De lo contrario para qué embalsamarlos?, pregunta. ¿Para qué enterrar alimentos y enseres con ellos? Sólo puedo oponer la estúpida objeción de que Ra tendría que haber trabajado como un auténtico dios para revivir una momia a la cual le habían extirpado el cerebro y las vísceras.

El tamaño formidable, la función esquiva y la egipciedad exótica de la Gran Pirámide han tentado a generaciones de pseudocientíficos. Los árabes pensaron que podía ser una biblioteca a prueba de agua para proteger la sabiduría egipcia del Diluvio. Los cristianos primitivos la consideraron uno de los graneros de José, construidos para alimentar al pueblo en los siete años de escasez.

En el siglo diecinueve se supo que era una tumba (2) construida por el rey Khufu (el griego Keops). (3) Esto no impidió a John Taylor escribir en 1859 que era una obra de Noé planificada por Dios. (4) Lo demostró descubriendo en sus dimensiones una serie de verdades matemáticas y correspondencias con la naturaleza que él respaldó con evidencias bíblicas: “Ese día habrá un altar para Jehová en la tierra de Egipto” (Isaías 19:19). Cuesta resistirse a objetar que “Y si me hicieres altar de piedra, no las labres de cantería” (Éxodo 20:25).

Cuando Charles Piazzi Smyth tuvo en cuenta la idea de Taylor en 1864, la piramidología se adueñó de la fantasía popular. (5) No sólo Smyth era muy respetable, pues era real astrónomo de Escocia, sino que encontró aún más curiosidades matemáticas en las dimensiones de la Pirámide, como:

1. Dividiendo dos veces la longitud de un lado de la base de la Pirámide, b, por su altura, h, obtenemos el valor de pi (= 3.14159…)

2. Multiplicando h por 1000 millones se obtiene la distancia de la Tierra al ·Sol.

3. Dividiendo b por el ancho de una de las piedras exteriores de la Pirámide se obtiene 365, el número aproximado de los días del año.

Smyth también pensaba que el sarcófago de Keops era una medida de volumen. Muchas de sus cantidades dependían del ancho de una piedra externa. Por ejemplo, derivó una pulgada original, o “Pirámide”, dividiendo este ancho por veinticinco. La pulgada Pirámide se usó, decía él, para construir el Arca, y nuestra pulgada descendía de ella. Más tarde resultó que las piedras exteriores de la Pirámide eran todas de anchos diferentes.

La ubicación y orientación de la Pirámide también eran notables, de acuerdo con Smyth. Descubrió que estaba ubicada en el ápice de un triángulo formado por el delta del Nilo y

que hay más tierra a lo largo del meridiano de la Pirámide que en cualquier otro en todo el mundo; que hay más tierra en la latitud de la Pirámide que en cualquier otro (…); que el territorio de la Pirámide en el Baje Egipto está en el centro de la tierra seca habitable por el hombre en eI mundo entero (…) (6)

Richard Proctor, escribiendo en 1896, destacó que aquí hay demasiados datos: dos solos bastarían para determinar absolutamente la ubicación de la Pirámide.

Smyth -y muchos piramidólogos que lo siguieron- se han afanado para producir cálculos que relacionaran las dimensiones de la Pirámide con cantidades naturales como la circunferencia y masa de la Tierra. Estos cálculos dan una ilustrativa lección en pseudo­matemática o cómo adecuar la realidad a la teoría predilecta. “Funcionan” a causa de tres tipos de errores:

1. Las dimensiones de la Gran Pirámide eran inciertas cuando Smyth empezó sus cálculos. No sólo la habían mutilado considerablemente (faltaban la cobertura exterior y el coronamiento) desde la construcción, sino que no se tomaron mediciones precisas hasta más avanzado el siglo diecinueve. Las estimaciones de la altura original, por ejemplo, variaban en 13 metros. Los piramidólogos pueden elegir cualquier valor que cuadre con su teoría.

2. Las cantidades naturales no siempre son fijas. Por ejemplo, la Tierra no está a un número preciso de kilómetros del Sol. Su órbita elíptica hace oscilar la distancia entre unos 135 millones de kilómetros y unos 141 millones de kilómetros, lo cual deja a los piramidólogos un margen de 6 millones de kilómetros para especular.

3. Hacer esos cálculos es un juego sin reglas. Dado el gran número de mediciones obtenibles de la Pirámide (altura, peso, volumen, longitud de la base, superficie de la base, superficie de los dos lados, borde, diagonal de la base, altura inclinada, etc., etc.), y un número casi infinito de cantidades naturales, sólo un retardado podría no encontrar alguna correspondencia. ¿Su altura es significativa? También lo son las alturas de la catedral de San Pablo, en Londres, y la catedral de Ruán. La altura de la torre Eiffel multiplicada por 1.000 millones equivale al “diámetro” de la órbita terrestre. Mi propia altura, multiplicada por u n millón, nos da el radio de la Luna.

Uno de los seguidores de Smyth encuentra significativo que la Pirámide tenga cinco ángulos y cinco lados, pues hay cinco libros de Moisés, cinco dígitos en cada extremidad humana, cinco sentidos y demás. Pero el papel donde estoy escribiendo también tiene una significación sagrada en sus cuatro ángulos y cuatro lados (pues se corresponden con el número de extremidades humanas, el número de evangelistas, y el número de puntos cardinales. (7) Esto es simple numerología en el nivel del 13 como número de suerte.

El valor de pi parece prácticamente la única cifra que se puede obtener de la Pirámide sin retaceos. De acuerdo con Martín Gardner, Herodoto afirmó que la Pirámide estaba construida de tal manera que la superficie de cada cara triangular equivalía a la superficie de un cuadrado cuyo lado es la altura. Para tal construcción (bastante fácil de diseñar mediante la geometría o aun modelos simples) 2b dividido por h da 3.14459…, que se aproxima bastante a pi. (8)

Usando su “pulgada Pirámide”, Smyth midió los pasajes internos de la Pirámide y descubrió que configuran un diagrama completo de la historia mundial, pasada y futura. Sus sinuosidades y ramificaciones registraban la Creación en el 4004 a.C., la vida de Cristo y así hasta el Día del Juicio, que llegaría en 1881 o 1911. Entre los miles de personas que se tragaron esta píldora hubo celebridades como el presidente Garfield (para quien la historia si terminó imprevistamente en 1881) y Charles Taze Russell, fundador de los Testigos de Jehová.

Los seguidores posteriores de Smyth decidieron que la teoría era correcta, (en efecto, la historia se paseaba por esos corredores de piedra) pero que las medidas no. Cristo (alguien dijo en 1913) había venido secretamente a la Tierra en 1874. Más tarde un ingeniero británico llamado David Davidson usó cifras revisadas para tramar un nuevo curso de la historia, que publicó en 1924. (9) Las ideas de Smyth y Davidson todavía están circulando, como veremos.

El fin del mundo hubo que readaptarlo continuamente a causa de su impuntualidad. 1874, 1914, 1920, y 1925 encontraron al mundo exasperantemente intacto. 1926 pasó sin un solo trompetazo angélico, y también mayo de 1928, el 16 de setiembre de 1936 y el 20 de agosto de 1953. Los fieles no han renunciado del todo a sus esperanzas, sin embargo, y aún es posible que una guerra nuclear planetaria les dé la oportunidad de decirnos “nosotros les avisamos”.

Ahora la piramidología parece convulsionada por una nueva onda sísmica de ocultismo. Erich von Däniken y Peter Kolosimo están tan ansiosos de fundamentar sus teorías sobre los visitantes del espacio con la pirámide de Keops que a veces captan mal las ideas de Smyth. Kolosimo parece confundir la Gran Pirámide de Keops con su vecina más pequeña, la Pirámide de Kefrén. Von Däniken pregunta:

¿Es una coincidencia que la superficie de la base de la pirámide dividida por el doble de su altura dé la célebre cifra pi: 3.14159? (10) (EI subrayado es mío.)

Pagaría el precio de una nueva Esfinge por ver cómo se las ingenia para intentar ese cálculo.

Von Däniken observa que un “meridiano que corre a través de la pirámide divide continentes y océanos en dos mitades exactamente iguales” (11) y que la Pirámide se levanta “en el centro de gravedad de los continentes”. (12) Kolosimo lo expresa con más dramatismo:

Durante siglos nuestros científicos han estado buscando un meridiano ideal. (…) Pero ahora sabemos que el meridiano de la Gran Pirámide es ideal. ¿Por qué? Primero porque pasa a través de más tierras que ningún otro meridiano y segundo porque si calculamos la superficie de las tierras habitables desde el estrecho de Behring (sic) descubrimos que las divide exactamente en dos. (13)

Ambos autores se regodean incesantemente en esa jerigonza, pero lo que aparentemente tratan de repetir son las ideas de Smyth acerca del meridiano de la Pirámide. Afortunadamente para los egipcios este meridiano mágico estaba a rocos kilómetros de su capital de Menfis. Desde luego, pudieron intentar 70 grados al oeste de Greenwich, un meridiano que da la impresión de atravesar más tierras (a juzgar por las apariencias). La división de superficies, sobre la cual Kolosimo escribe con sílabas reverentes, es completamente errónea. Las tierras al oeste de El Cairo (30 grados este a 170 grados oeste} son más vastas que al este de El Cairo en unos diez millones de kilómetros cuadrados. Se necesitaría una Sudamérica extra para compensar la diferencia.

La afirmación sobre el “centro de gravedad” no tiene ni pies ni cabeza. Quizá se aluda al centro de superficie de las formas continentales, según se lo pinte en una u otra clase de mapa. Eligiendo una proyección adecuada, y sumando o restando superficies como Groenlandia, la Antártida y los mares mediterráneos, uno, prácticamente puede ubicar ese punto donde se le antoje.

Kolosimo también afirma que

la distancia entre la Pirámide de Keops y el centro del mundo equivale a su distancia respecto del Pol o Norte. (14)

Esto podría ser cierto si Ja Tierra fuera una esfera perfecta, pero en tal caso lo mismo valdría para cualquier estructura ubicada en la misma latitud (30 grados norte), incluidos los burdeles de Nueva Orleans.

Otro enfoque para dotar de misterio a la Pirámide consiste en declarar que su tamaño y calidad de construcción no estaban al alcance de la tecnología precaria de los egipcios. A fin de cuentas, tiene unos 2.300.000 bloques de piedra, que pesan un promedio de 2,5 toneladas cada uno. Había que cortarlos, algunos a cierta distancia, trasladarlos y subirlos. Von Däniken:

Si los industriosos obreros hubieran alcanzado el extraordinario rendimiento diario de diez bloques apilados uno encima de otro, habría ensamblado la (…) pirámide en unos 250.000 días: 664 años. (15)

Insiste en que los bloques de piedra debieron ser cortados con láser y transportados con helicópteros, implementos desde luego suministrados por dioses extraterrestres. En esto disiente con William Kingland, quien opina que las piedras fueron depositadas sobre trozos de papiro donde había inscriptos símbolos mágicos que les posibilitaron volar. (16) Kolosimo cree que la entrada a uno de los pasajes de la Pirámide fue taponada por bloques de granito desde adentro.

Esta cháchara tediosa y delirante deriva de una ignorancia total de la arqueología seria. Si alguno de estos piramidólogos se hubiera molestado en leer Las pirámides de Egipto, de I. E. S. Edward, o cualquiera de los tantos libros sobre el tema, encontraría cada uno de estos «misterios» explicados al detalle. La Pirámide de Keops no es un fenómeno aislado y desconcertante, sino que forma parte de una larga tradición en la edificación de pirámides. En definitiva, existen todavía más de ochenta pirámides genuinas en diversas condiciones, junto con suficientes ejemplos de estructuras sepulcrales más tempranas como para rastrear su evolución. De la primera a la tercera dinastía, los reyes eran sepultados en casas de ladrillo hoy llamadas “mastabas”. En la tercera y cuarta dinastías, aparecieron pirámides de piedra “escalonadas”, más grandes y más duraderas. En la cuarta dinastía, se las cubrió por primera vez con capas de piedra caliza fina, dando a sus perfiles auténtica forma piramidal.

La Gran Pirámide fue terminada en vida de Keops, quizá en veinte años, por unos miles de albañiles calificados y un numeroso ejército de peones no calificados (quizá cien mil), durante las temporadas en que no estaban sembrando ni cosechando.

Trasladaban bloques de piedra desde una cantera distante en balsas, los arrastraban desde el río sobre cuñas, y los colocaban subiéndolos por rampas de tierra. (La mayor parte de la Pirámide se fabricó con piedras de una cantera cercana, y sólo el revestimiento exterior vino de un lugar distante). (17)

Edward señala que una cuadrilla de ocho hombres habría tenido que manipular sólo diez bloques en doce semanas para realizar la faena. También explica que los egipcios pudieron encuadrar la Pirámide en los cuatro puntos cardinales (o, mejor dicho, las cuatro direcciones reales) usando nada más que el conocimiento astronómico que obviamente tenían, y sin más aparatos modernos que una vara y una pared de barro. Los tapones de granito de Kolosimo fueron en efecto insertados en la entrada de la tumba desde adentro. pero esto no requiere explicaciones ocultistas. Los obreros que las insertaron se habían preparado (con o sin aprobación oficial) un túnel de escape.

Aun así, la piramidología sigue en la brecha. Von Däniken piensa que la Pirámide pudo no haber sido la tumba de Keops (pese a las claras evidencias de que sí lo fue), sino que debió ser construida como un sitio donde congelar, conservar y revivir a hombres del espacio. Kolosimo piensa que la Pirámide pudo haber contenido la piedra filosofal. (18) Churchward piensa, al igual que los rosacruces, que era un templo para ceremonias secretas, pese a la presencia cercana de un templo mortuorio construido al mismo tiempo y perfectamente utilizable. Churchward opina que los adeptos entraban y salían por los sólidos tapones de granito “con la ayuda de un espíritu amigo”.

Otros han relacionado la Pirámide con los misterios numerológicos de la Cábala. Otros creen que es una máquina del tiempo o una puerta hacia esa tierra profundamente perdida, la cuarta dimensión. Y aun los hay que “demuestran” por sus dimensiones el paradero actual de

LAS TRIBUS PERDIDAS DE ISRAEL

Primero, cómo se perdieron:

A la muerte de Salomón, las diez tribus de Israel se rebelaron contra el nuevo rey, Roboam (I Reyes 12). Se alejaron para vivir apartadas de las dos tribus de Judá. Más tarde (II Reyes 6) las diez fueron esclavizadas por los asirios. El testamento apócrifo (II Esdras 13) dice que más tarde se fueron de Asiria y al cabo de un año y medio se instalaron en una tierra desértica llamada Arsareth. Esto es todo lo que hemos oído hasta el momento.

El descubrimiento de América replanteó la vieja pregunta: ¿era posible que los indios americanos estuvieran hablando hebreo? El obispo Landa aceptó la idea, y también Oliver Cromwell. El libro de Mormón nos dice que los indios son hebreos, aunque no necesariamente de las tribus perdidas. Otros candidatos han sido los japoneses, los zulúes y los malasios. En 1896 W. S. Crowdy fundó su Iglesia de Dios y los Santos de Cristo basándose en el dogma de que las tribus perdidas son negras. Pero una secta rival, (los Custodios de los Mandamientos, la Iglesia Sagrada del Dios Viviente) dice que los negros son en realidad las tribus de Judá, mientras que los blancos son las diez tribus perdidas.

Por cierto, la teoría más persistente es que dos de las tribus perdidas, Efraín y Manasés, son en verdad los anglosajones y los celtas. El movimiento angloisraelita fue popular a fines del siglo dieciocho, y todavía no da muestras de flaquear. La piramidología pareció renovarle las fuerzas. De acuerdo con las mediciones de la Gran Pirámide de David Davidson (a las cuales añadió la duración de los reinados de los reyes egipcios), la “Tribulación Final” de las tribus perdidas de Bretaña comenzaría en 1928 y continuaría hasta 1936. Luego tendríamos el Armagedón hasta 1953, durante el cual los anglosajones serían probados contra sus muchos enemigos. En 1953 Cristo vendría personalmente para gobernar el reino británico en este mundo.

Parece que Davidson no interpretó bien los horarios, pero otros angloisraelitas siguen marchando hacia su propia cita con el Milenio. The Plain Truth, una revista satinada distribuida por los fundamentalistas computadorizados de Herbert W. Armstrong, declara que las tribus perdidas son los europeos del norte, los británicos y los norteamericanos anglosajones. Heredarán la tierra un día de éstos.

ASTRONAUTAS PRECOLOMBINOS Y OTROS VIEJOS CONOCIDOS

La pseudoarqueología va mucho más allá de la Gran Pirámide y las tribus perdidas en busca de asombro. Von Däniken empieza con artefactos arqueológicos de Perú, México o la Isla de Pascua y deduce de ellos que lo meramente posible es absolutamente seguro. Del bajorrelieve maya de la figura 6-1 (a), pregunta:

¿Pudo la imaginación primitiva haber producido algo tan notablemente similar a un astronauta moderno en su cohete? Esos extraños trazos al pie del dibujo sólo pueden ser un bosquejo de las llamas y los gases que salen de la unidad de propulsión. (19)

Figura 6-1 a Figura 6-1 b

La bastardilla es mía, el bastardeo es de él. A mí me cuesta no ver esta figura como un robot raptando a una bella muchacha, como en la Fig. 6-1 (b). Pero desde luego yo sé tanto sobre arte y civilización mayas como von Däniken.

Su teoría de las visitas espaciales, y la teoría de Kolosimo sobre la alquimia antigua, se basan en evidencias como éstas. ¿Las pinturas rupestres muestran hombres con extremidades redondeadas, cabezas agrandadas, aureolas circulares, astas? Pues “sólo pueden ser” trajes espaciales, cascos, antenas. ¿Muestran deidades mitad humanas, mitad animales? ¡Ajá! ¿Muestran hombres voladores con alas? Eureka, etc. Estos dos autores, y Andrew Tomas, (20) saltan de un descubrimiento pasmoso al otro, refugiándose en la certeza de que sus lectores no podrían cotejar todas sus fuentes, aun si ellos las revelaran. En una veta carbonífera de 15 millones de años se encuentra la huella de un pie calzado (Tomas). Cerca de Bagdad se encuentran baterías eléctricas de 2.000 años de antigüedad (von Däniken, Tomas). Los egipcios tenían penicilina hace 4.000 años (Tomas). Los franceses de hace 15.000 años usaban sombreros y zapatos, y sus esposas usaban enaguas (Kolosimo). Los antiguos chinos tenían rayos X y los antiguos incas hacían operaciones del cerebro (Tomas). Los egipcios hacían paños tan finos que “hoy sólo podrían tejerse en una fábrica especial con gran conocimiento técnico y experiencia” (von Däniken). (21) Requeriría muchísima investigación verificar o refutar todas estas revelaciones, y cuesta ver cómo la mayoría de ellas, aun de ser ciertas, probarían las tesis principales de sus autores.

Damon Knight introduce un ítem similar que sí puede cotejarse, a saber, una fotografía de un utensilio de piedra con esta leyenda:

(…) The New York Times identificó este tallado en piedra como una “figura equina encontrada entre restos antiguos de Arawak cerca del río Orinoco. Venezuela”. Como los caballos aún no habían llegado a América cuando se talló la figura, la conclusión fue que representa un caballo de mar. (22)

No sé adónde apunta Knight, a menos que crea que llovieron caballos o figuras equinas de alguna isla forteana del cielo. Pero parece posible que hubiera caballos cuando se talló el objeto. Como explicó un zoólogo en 1955:

es casi seguro que los habitantes primitivos de las Américas (indios) encontraron gran cantidad de caballos en muchas parles de los continentes. Es muy probable, sin embargo, que cuando los hombres blancos llegaron a las Américas, los caballos nativos se hubieran extinguido y los caballos fueran reintroducidos de Europa. (23)

Con esa facilidad que tienen las creencias ocultistas para superponerse. la teoría de las colisiones lunares de Hörbiger ha sido «confirmada» por H. S. Bellamy y P. Allan gracias a las ruinas de Tiahuanaco, Perú. (24) Tras decidir que un arco de piedra ceremonial con bajorrelieves ornamentales es un calendario (semejante a un calendario de piedra de México), procedieron a demostrar por qué no se corresponde con los movimientos del Sol y la Luna.

El «calendario» tiene esta disposición:

XXXXXXXX XXXXXXXX
XXXXXXXX A XXXXXXXX
XXXXXXXX XXXXXXXX
B B B B B B B B B B B

Aquí A es una figura grande y frontal, las B son figuras frontales más pequeñas, y las X son figuras aladas mucho más pequeñas enfrentadas a A. Cada figura está decorada con símbolos diminutos: círculos, óvalos, rectángulos, cabezas de hombres, pájaros, gatos y peces. Bellamy y Allan elaboran la idea de Hörbiger de que la Tierra tuvo otra luna que hacia 447 órbitas por año contando diferentes tipos de símbolos en diferentes partes del diseño, y abriéndose paso hasta la respuesta buscada. Como con este método puede obtenerse cualquier cifra,* el éxito es rotundo.

Para darse una ayudita, en un momento olvidan arbitrariamente dieciocho de las figuras en X. En otro, obtienen una aproximación a pi del número de ángulos rectos en un friso decorativo, pero sólo gracias a una suma incorrecta. Von Däniken arguye que las figuras del arco representan dioses del espacio. Kolosimo las ve como “naves espaciales usando energía solar”. Inevitablemente, varios arqueocultistas han relacionado estas ruinas misteriosas con otras.

LA ISLA DE PASCUA

Según von Däniken,

Las relaciones entre la Isla de Pascua y Tiahuanaco se nos imponen automáticamente. Allí, como aquí, encontramos gigantes de piedra pertenecientes al mismo estilo. (25)

Con lo cual aparentemente quiere decir de rodillas, o con sombrero. Por esas características, podemos relacionar la Isla de Pascua con El Cairo y el Vaticano.

Hay misterios genuinos en esa isla remota, sobre todo en las enormes “cabezas” de piedra (en realidad estatuas enteras con cuerpos achaparrados). ¿Quién las construyó? ¿Cómo se tallaron estos monolitos, que en algunos casos pesan hasta doce toneladas, cómo se transportaron a través de la isla y se erigieron?

La mayoría de los antropólogos piensa que los constructores eran polinesios, aunque Thor Heyerdahl, por su par­ te, piensa que los escandinavos, después de colonizar Perú, viajaron en una Kon-Tiki de madera balsa. Pocas evidencias respaldan esta idea. Por lo que sabemos, los peruanos nunca se hicieron a la mar deliberadamente, mientras que los polinesios navegaban por el Pacífico.

En su primer libro, von Däniken insistía en que simples salvajes no podían haber movido y levantado esas estatuas sin ayuda de helicópteros. (26) Más tarde, Heyerdahl pidió a seis de los isleños actuales que levantaran una estatua caída, y lo hicieron en dieciocho días. En su segundo libro, von Däniken corrige el rumbo y habla de la roca volcánica increíblemente dura con que se hicieron las estatuas de la Isla de Pascua. Era imposible cortarla con herramientas de piedra (como las que se encontraron en abundancia en la cantera volcánica). No obstante, los de Camp dicen que se eligió este tipo de roca precisamente por su maleabilidad. (27)

En cuanto a por qué se hicieron las estatuas, sólo madame Blavatsky lo sabe con certeza. Son, declara ella, retratos en tamaño natural de una teosófica Raza Raigal.

ESE STONEHENGE DIGITAL

Cada época tiene su teoría favorita sobre Stonehenge. Inigo Jones vio el círculo de rocas como un templo romano en el estilo toscano; los ocultistas del siglo pasado, reinventando a los druidas, palparon sus emanaciones célticas; los entusiastas de la Atlántida, Zoroastro y los OVNIs lo han tratado a su manera. Nuestra época le ha arrojado su lustre característico con la teoría del doctor Gerald Hawkins: Stonehenge es, por el momento, un observatorio astronómico y una computadora.

Desde luego Hawkins no es un pseudocientífico, pero sus ideas ya han sido usadas como balasto por astrólogos, lemurianos, etc. Su Stonhenge decodificado (28) se esfuerza por desacreditar toda conexión entre el ocultismo y sus teorías.

Su primera teoría es que Stonehenge era un observatorio astronómico donde los bretones de hace tres mil años avistaban a lo largo de pares de piedras los acontecimientos celestiales interesantes. Es posible. Tendré que dejar la crítica genuina de esta teoría a los astrónomos genuinos que, a diferencia de mí, saben distinguir un azimut de una declinación. Pero vale la pena subrayar ciertos detalles que Stonehenge decodificado revela sólo indirectamente.

Hawkins encuentra un total de 32 alineamientos de pares de piedras, o pares de arcos de piedra, con varios aspectos del Sol y la Luna, como el despuntar y la puesta en el solsticio de verano, en el de invierno, y en los equinoccios. (29) De estos alineamientos:

3 son redundantes (es decir están fijados por la geometría de otros alineamientos).

Otros 22 están basados en piedras faltantes, o agujeros donde presumiblemente hubo piedras o columnas (en algún momento).

Otros 2 suponen líneas de visión que quizá estaban bloqueadas por una piedra grande (la “piedra de sacrificios”) que se ha desmoronado.

Otros 4 se basan en piedras que se han desmoronado.

Esto pareciera dejarle a Hawkins un solo alineamiento indiscutible, a menos que haya intuido correctamente la disposición exacta de las piedras y columnas en el 1500 a.C. El 1500 a.C. es la fecha en que según Hawkins se terminó Stonehenge, y todos sus cálculos astronómicos se basan en esa fecha. Pero métodos recientes y mejorados de fechación ahora ubican la terminación en el 2500 a.C. La noticia de que Stonehenge tiene mil años más de lo que él pensaba puede asestar otro pequeño golpe a la teoría de alineamientos de Hawkins.

La teoría de la “computadora” de Hawkins se relaciona con los agujeros de Aubrey, un anillo de cincuenta y seis agujeros de escasa profundidad alrededor del complejo de Stonehenge. Conociendo los ciclos de ciertos acontecimientos solares y lunares, Hawkins elaboró un modo de indicarlos colocando piedras en algunos de esos agujeros, a intervalos apropiados. Luego, moviendo las piedras alrededor del círculo, un agujero por año, pudo predecir que cuando cualquier piedra llegara a un punto determinado, el acontecimiento (por ejemplo, un eclipse solar en el solsticio de invierno) se produciría.

Esto es “computar” tal como contar las cuentas de un rosario o tildar un calendario es “computar”, y el juego es fascinante, pero no hay indicios de que los agujeros de Aubrey se usaron realmente para este propósito. Se ha determinado un uso más probable a partir del examen de los agujeros: muchos de ellos contenían cenizas de cremación.

Hawkins sería el primero en admitir que su teoría de la computación es sólo tentativa. En el polo opuesto hay un artículo de John Mitchell que explica enfáticamente la relación de Stonehenge con las ruinas de la abadía de Glastonbury. A lo largo del camino, echa mano de la pulgada Pirámide, la busca de agua con ramitas, las líneas de enlace (presuntas líneas rectas que relacionan varias ruinas maravillosas de Gran Bretaña),** la magia china, el número de la Bestia (666), los ritos de fertilidad de los aborígenes australianos, y más:

La abadía de Glastonbury fue erigida en la línea de una carretera de dragón que provenía de Stonehenge, y en el centro de la línea, ante el altar de la abadía, estaba ubicada la tumba del rey Arturo, heredero del trono deI dragón de Gran Bretaña. (30)

Mitchell adjunta diagramas útiles, demostrando que se puede dibujar una estrella de seis puntas sobre un mapa de Stonehenge y que “por lo tanto la abadía queda contenida dentro de un rectángulo de 666 pies de largo”, excepto que en el diagrama se extiende mucho más allá del rectángulo. Cuando se rebajan al nivel de Mitchell, las ruinas dejan de asombrar y empiezan a defraudar.

A hora bien, esos dragones …

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Parte 1.1 Parte 1.2 Parte 1.3 Parte 2.1

Fuente: “Los Nuevos Apócrifos” (R) John Sladek. En El Péndulo Nro 4. Segunda Época. Octubre 1981.  pp. 27-47. Se puede acceder a la versión original en PDF en este link de Ahira.

* Yo he obtenido tres valores de este «calendario» mediante cálculos similares: el número de días de nuestro año; el número de días de nuestro mes lunar; y 1961, la fecha de publicación del libro de Bellamy y Allan, El calendario de Tihuanaco.

** Con un sistema similar, las visiones de OVNIs se relacionan con líneas rectas.

Notas bibliográficas

1 von Däniken, Chariots, p. 105.

2 I.E.S. Edward s. The Pyramids of Egypt (Harmondsworth: Penguin, 1947. 1961). p. 127, dice que Davidson encontró el sarcófago en 1765.

3 lbid., p. 127; Edwards dice que Vyse y Pering en 1838 encontraron marcas de cantera en la superficie interior de las piedras: manchas de ocre adjudicando a varias cuadrillas de peones el corte o el traslado. Con frecuencia se invocaban bendiciones en nombre de Keops (Khufu).

4 John Taylor, The Great Pyramid: Why Was lt Built? And Who Built It? (Londres, 1859).

5 Charles Pinzzi Smyth, Our Inheritance in the Great Pyramid (Londres, Daldy & Isbiter, 1877, ed. revis. 1890).

6 Richard A. Proctor, Myths and Marvels of Astronomy (London: Longmans Green, 1896), p. 56.

7 Gardner, Fads and Fallacies, p. 179, da una entretenida demostración  de matemáticas de la Gran Pirámide aplicándolas al Gran Monumento de Washingtón.

8 Ibid., p. 178.

9 David Davidson & Herbert Aldersmith, The Greal Pyramid: Its Divine Message, (Londres: Williams & Norgate, 1924. ed. revis. 1940)

10 von Däniken, Chariots, p. 97.

11 Ibid., p. 97.

12 Ibid., p.98.

13 Kolosimo, p. 240.

14 Ibid., p. 240.

15 von Däniken, Chariots, p. 99.

16 William Kingland, The Great Pyramid in Fact and Theory (Londres: Theosophical Publishing House, 1932-35, 2 vols).

1 Este relato deriva de Edwards, Pyramids; L. Sprague de Camp, The Ancient Engineers (Londres: Souvenir Press, 1963); y René Poirer, Fifteen Wonders of the World (Londres: Gollancz, 1966).

18 Kolosimo, p. 238.

19 von Dänien, Chariots, pp. 49-9.

20 Andrew Tomas, We Are Not the First (Londres: Souvenir Press, 1971).

21 von Däniken, Chariots, p. 43.

22 Knight, Fort, p. 104.

23 Theodosius Dobzhansky, Evolution, Genetics and Man (Nueva York, John Wiley. 1955), p. 305.

24 H.S. Bellamy & P. Allan, The Calendar of Tihuanacu (Londres: Faber, 1961).

25 von Däniken, Chariots, pp. 48-9.

26 Ibid., p. 112.

27 de Camp & de Camp, Citadels, p. 257.

28 Gerald S. Hawkins, Stonehenge Decoded (Londres: Fontana, 1970).

29 Ibid., pp. 148, 169.

30 John Mitchell, “Glastonbury Abbey: A solar instrument of former science”, Glastonbury, a study in Patterns (Londres: Rescarch into Lost Knnwledge Organization, 1969), p. 32.