Una biblioteca popular de ciencia ficción nace auspiciada por Le Guin y Bradbury

// Por Proyecto Synco

Desde Proyecto Synco visitamos la biblioteca popular Ansible, especializada en ciencia ficción, terror y fantástico, para asistir a la presentación de un libro homenaje a Ray Bradbury. Fuimos testigos de una noche en la que los nombres de dos maestrxs del género se combinaron para avalar una iniciativa tan novedosa como prometedora para la Ciudad de Buenos Aires.

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Hace algunos días fuimos a conocer la flamante biblioteca popular Ansible, única biblioteca de la Ciudad dedicada exclusivamente a la ciencia ficción, el terror y el fantástico. Buscamos que nuestra visita coincida con la presentación del libro El hombre centenario, una selección de ensayos sobre Ray Bradbury seleccionados por el amigo Matías Carnevale.

La biblioteca Ansible (un nombre que cualquier lector de Úrsula Le Guin podrá reconocer como el del dispositivo que permite la comunicación instantánea entre dos puntos del universo, por más distantes que se encuentren), funciona en el Café Artigas, ubicado en calle Artigas 1850, en el barrio de Villa General Mitre (entre Villa del Parque y Caballito, digamos).

Después de dejar una docena de libros (algún Vonnegut, algún Tolkien y algún Delaney, entre otros clásicos, además de un flamente Paisajes Experimentales, la selección de textos de new weird argentino compilada por Juan Mattio y editada por Indómita Luz, entre otros), finalmente nos encontramos con Carles Ros Mas, uno de los fundadores de Ansible, con quien nos habíamos comunicado previamente por redes sociales. Después de mostrarnos la hermosa biblioteca que ocupa todo el fondo del café, donde se están acumulando los volúmenes donados (ficciones, ensayos, revistas e historietas), que ya casi alcanzan los 500, nos explicó: “El espacio que aloja a la biblioteca está relleno de ficción por todos lados, porque aparte de Ansible también hay una librería. Y atrás una sala de teatro, donde se realiza investigación escénica y se representan obras, por lo que también allí vive la ficción. Entonces, cuando con Diego Mauriño, que es el otro fundador, empezamos a pensar en el proyecto tuvimos muy presente la potencia de lo ficcional, como mirada hacia otra realidad, que al momento de presenciar una obra de teatro o leer un libro incluso puede ser más real, más concreta y más verosímil que la que está afuera”.

En cuanto al porqué de la decisión de enfocarse particularmente en los géneros de la ciencia ficción, el fantástico y el terror, Carles sostuvo que les interesaba el poder de ese “qué pasaría sí” que los caracteriza, “porque hay algo en esa propuesta de los géneros (que contrastan con nuestra realidad, aunque últimamente las similitudes son cada vez mayores) que nos parecía muy potente y muy interesante en el sentido más político del término, si es que es necesario subrayarlo, algo de la necesidad de crear imaginando otros mundos, algo que no pensamos como un entretenimiento sino como una necesidad vital, como un instinto de supervivencia”.

En la apertura de la charla de presentación del libro Ray Bradbury, El hombre centenario (actividad que contó con la presencia de su compilador Matías Carnevale y de los autores de dos de los artículos, Darío Lavia y José María Marcos), Carles remarcó que el proyecto Ansible nació con una donación inicial de libros de Diego, a la que luego fueron sumándose donaciones. Y agregó: “Fuimos creando de a poco, ladrillo a ladrillo, un sistema de préstamos, de socios, ofreciendo la posibilidad de consultar el catálogo por internet o acercarse a chusmear los libros, intentando que sea un espacio lo más vivo posible, aún en el marco de las dificultades que nos plantea el contexto pandémico, que son un montón”.

Luego insistió: “La idea es que a futuro haya toda una apertura, un armado de red con lo barrial, que pueda conectar con instituciones educativas y que los libros circulen, que no sea sólo por el fetiche de que nos gusta ver esos libros aquí. Esta biblioteca no se ha bautizado como popular porque sí, además, y la idea es que sea algo público, no necesariamente en sentido estatal sino como algo comunitario Queremos que haya una circulación del libro y de las ideas que se encuentran volcadas allí. También quisiéramos proponer actividades públicas desde la biblioteca, pero ese es un tema aún pendiente”.

Durante la presentación del libro, Matías relató el proceso que llevó a la concreción del proyecto, las dificultades que planteó la pandemia y, sobre todo, las motivaciones que impulsaron la iniciativa, destacando que los doce artículos que integran el volumen “dan cuenta de la vigencia de Bradbury en la literatura universal”. Esta compilación de ensayos, detalló, buscó inscribirse en la serie de homenajes que se llevaron adelante en todo el mundo en el centenario del nacimiento del escritor (llegado al mundo un 22 de agosto de 1920). En el prólogo con el que introduce la lectura de los artículos, detalla al respecto: “Las motivaciones más fuertes que tuvimos para realizar una compilación de ensayos dedicados a Ray Bradbury son, ni más ni menos, que la importancia que atribuimos a su literatura y la influencia que tuvo sobre quienes aquí escribimos.

En el libro pueden encontrarse un artículo de Carlos Abraham sobre las apariciones del autor estadounidense en las páginas de la clásica revista de ciencia ficción argentina Más allá, uno de Matías Bragagnolo sobre la relación de Bradbury con el policial negro, uno de Elton Honores sobre la relación en el autor entre las invasiones y las nuevas tecnologías, uno de Teresa Mira de Echeverría y Guillermo Echeverría sobre la particular manera en que Bradbury suele resolver un tema compositivo por medio de su contrario en la mayoría de sus textos. También hay un texto de Adrián Muoyo sobre las representaciones del planeta Marte en la televisión, otro de Phil Nichols sobre el impacto del escritor en el Reino Unido, uno de Cezary Noveck acerca de la relación de Bradbury con el terror, uno de Sergio Pedraja Cabo sobre la influencia del autor en la cultura española y finalmente un texto de Eduardo Wolovelsky en torno a Mildred y Montag, personajes de Fahreheit 451.

Darío Lavia centró su intervención en el desarrollo de su artículo “Dos hitos bradburianos de la TV argentina”, afirmando que la pantalla nacional fue testigo nada menos que de dos “hitos” históricos “de los que hasta ahora nadie ha tomado nota”: la primera adaptación fuera de la televisión estadounidense de un relato de Bradbury (una adaptación de Narciso Ibáñez Serrador en la que unificó los cuentos “El zorro y el bosque” y “La tercera expedición”, que fue emitida en tres capítulos en octubre de 1962 en el ciclo Obras maestras del terror, de Narciso Ibáñez Menta) y la primera emisión de un episodio escrito expresamente por el autor de las Crónicas marcianas (“La cárcel”, producido por Alfred Hitchcock para un ciclo que conducía Fred Astaire). José María Marcos, por su parte, retomó los ejes de su artículo “Tinieblas avanzan sobre Green Town”, donde disecciona los símbolos que el escritor de Illinois pone en juego en su novela La feria de las tinieblas.